Andrés (relato)

Que no me exponga, me dice. Como si fuera tan sencillo. Es mi trabajo. No puedo estar metido en el bungalow más de dos días. Si apago el iphone tampoco es solución; cuando lo vuelvo a coger me tengo qeu pasar una hora respondiendo mensajes y llamadas. Para ella es muy sencillo, porque está en Consellería y no tiene que dar la cara. Pero yo soy el alcalde y no me queda otra que salir a dar la cara.

Pero ella me dice que la gente va a por los políticos y que les da igual del signo que sean, que sólo quieren tener a uno delante para desahogarse con él. Y les da igual todo, que sea una tía, un tío, de 30, de 50, quieren carne de político y, si no quieres quemarte, no te expongas, Andrés.

Hace una semana comenzamos una campaña en Facebook para recordar las medidas de higiene y distanciamiento social desde el partido y lo mejor que comentaron es que nos fuéramos a tomar por el culo. Del resto de comentarios ni te cuento. Tuvimos que quitar el anuncio.

Encima los otros están sacando ventaja de toda esta mierda, están venga a calentar el ambiente y haciendo declaraciones y usando sus asociaciones para denunciar nuestras torpezas. Nuestras torpezas.
Con órdenes y contraórdenes hasta en el mismo día que nos llegan. Ahora me llama el coordinador del centro de salud que está llevando lo de los seguimientos y me dice que lo deja. ¿Cómo que lo dejas? Y a quién ponemos. A quién sea, yo no puedo más. Ni tengo gente ni queréis pagarles las horas, y ya estoy harto.

¿Y qué hago yo ahora? Dime.

Dónde me escondo.

Anoche estuve a punto de decírselo, menos mal que llegué a enviarle el audio. Me tragaría mi orgullo y volvería con ella, pero ella no está para mí más. Si se fue a Valencia es porque ya lo tenía todo calculado desde hace tiempo, desde mucho antes de que esto reventara. Sé que está con él. Y lo sé porque las excusas que pone para que no nos veamos ni siquiera un fin de semana con cada vez más futiles.

Yo tengo que conformarme con lo que tengo. Están las niñas, Ana, la alcaldía, y esperar a que todo esto amaine.

Ayer cuando recogí a mi madre de la residencia me lo dijo. Me preguntó que me notaba triste. Yo le dije que era por todo lo que estaba pasando. Pero ella me conoce bien. Y me recordó lo que lleva media vida recordándome: Te casaste muy joven. Nadie se casa ya tan joven. Ana es una buena muchacha, pero tenías que haber terminado por lo menos la carrera. No sé a qué venía tanta prisa. El mundo ya no es lo que era.

Me dice mientras la llevo en el coche.

¿Este es el coche nuevo?

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