dinero, framento de la novela la humillación de Antonio Peñalver

Dinero ( fragmento)

 

 

Hay una historia que me gustaba contar por aquel entonces y que la descubrí en facebook, creo:
Llega un viajante a un pueblo y se acerca al hotel y le dice al director del hotel que probablemente se quede esa noche a dormir allí, pero que no está seguro todavía, que si podría reservar una habitación. En ese caso, caballero, tendrá usted que dejar una señal de 100 dólares a modo de fianza. Claro, tome; dijo mientras le pagaba con un billete de 100 dólares. El dueño del hotel esperó a que el viajante saliera por la puerta para ir a la panadería de enfrente a pagarle 100 dólares que le debía, y que le pagó con el mismo billete de la fianza. Cuando cerró la panadería, el panadero se acercó a la casa de Felicia, la prostituta del pueblo, con la que tenía pendiente de abonarle algunas visitas de cortesía que le venía haciendo desde que enviudó. Y en cuanto la prostituta cobró, cogió ese mismo billete y lo llevó al hotel, para pagarle una semana de retraso que tenía con su dueño por dejarle usar la discreta habitación del patio, donde solía trabajar.
El dueño del hotel se quedó un momento mirando fijo aquel billete de 100 dólares, con cara como de conocer de vista a aquel Benjamín Franklin, de la sonrisa contenida. Pero antes de que el expresidente se echara a reír a carcajada limpia apareció por el hall el mismo viajante que había aparecido a primera hora y le dijo que se le había complicado la agenda, y que si podría devolverle los 100 dólares que le había dejado de fianza, puesto que no podría quedarse a dormir allí aquel día. Claro, es su dinero; faltaría más, amigo. Y se fue.
Alguien que parecía saber de lo que hablaba explicaba en face que aquello era una paradoja económica. Algo muy puntual que no se podía aplicar en la economía real. Pero yo siempre he creído que no es cierto. Aquello era una clara muestra de que la economía puede fluir ligera, de no ser porque siempre hay quienes la detienen, que son los que más dinero y propiedades poseen y no necesitan pues gastarlo. Éstos son la clave de todo. El dique. Cuando las cosas van bien, ellos ganan, pero cuando las cosas se tuercen, ganan todavía más. Por eso resulta que hay veces que todo revienta. Hay veces que los que no consiguen tener nada nunca se hartan y dicen: Nos hemos cansado de jugar a tu juego, y hemos decidido romper la baraja. Pues sospechamos que está muy marcada ya.
No pasa mucho. Pero pasar, pasa de vez en cuando. Y cuando pasa, pasa.
Pasó en la Francia de Luis XII y pasó en la Rusia del zar. Pero si son ustedes curiosos y tienen la paciencia y la suerte de encontrar un buen libro de historia, como me ocurrió cuando leí a Jacques Néré, verán que ambos movimientos revolucionarios, lejos de producirse de una manera fluida y unívoca, están repletas de giros y microgiros internos que casi siempre terminaban con la victoria de los peores.
Las grandes revoluciones, al contrario de lo que suele pensarse, no se llevan a cabo por los más miserables, que bastante preocupación tienen con encontrar un trozo de pan que echarse a la boca, sino por las clases medias bajas, que son las que realmente ven desaparecer su débil estatus y, sobre todo, son los que cuentan con los medios para organizarse y derrocar a los tiranos de turno.
El papel por la petite bourgeoisie en las revueltas de la Francia del XVIII o el de los funcionarios, pequeños propietarios agrícolas o comerciantes en la Rusia de primeros del XX, no es discutible a día de hoy.
De los comunistas es sabido que se quedan siempre en la etapa de los soviets, porque es cuando ellos tienen el mango de la sartén cogido. Pero la cosa se queda ahí. Se olvidan que Marx escribió más capítulos de la serie. Se vuelven fans incondicionales de la primera temporada y se niegan a ver las siguientes, temerosos que no vayan a ser tan buenas; sobre todo para ellos, se entiende. En todas las dictaduras comunistas, curiosamente en todas, sin excepción, el poder se queda en la misma familia del dictador y son sus hermanos y sus hijos los que toman el relevo del mando. Exactamente igual que en las realezas que con tanta furia habían derrocado.
Una y otra vez la misma mierda de siempre. La historia como productora de serie B del mismo remake de la misma historia del poder.
El poder produce una especie de borrachera, que por lo visto, debe producir un subidón tremendo. ¿Te imaginas lo que se tiene que sentir si todo el mundo te trata con respeto, esperando que les otorgues algún beneficio? ¿Te imaginas qué tentador debe de ser que alguna golfa te mire insinuándosete cuando os cruzáis solos por la misma calle solitaria o os quedáis solos en tu oficina? ¿O que te inviten a todo en todas partes?
Ahora bien, amigo, si eres tan gilipollas de tomar parte de ese juego, prepárate, porque cuando seas destronado, los mismos que se humillaban tan fácilmente ante ti te clavarán sus dagas sin piedad. Y lo harán además con una inquina que te sorprenderá; pues será proporcional al orgullo que habían decidido tragarse para alagarte y humillársete cuando estabas en lo alto, amigo.
Toma nota, idiota.

 

Fragmento de la novela inédita La Humillación.

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