entrevista escritor antonio peñalver

Entrevista Isla Cultural (1996)

La nueva generación de escritores: ANTONIO PEÑALVER

Ray Loriga, Ángel Mañas… son un claro ejemplo de la nueva generación de jóvenes escritores que están saliendo a la luz. Poco a poco han ido conquistando premios y editoriales y así, han tenido la oportunidad de darse a conocer a través de sus obras, generalmente novelas.
Hemos podido hablar con Antonio Peñalver, uno de los representantes de esta nueva corriente, que, recientemente, se acercó a nuestra ciudad. Él nació en Alicante y es allí donde vive aunque su época universitaria la pasó entre nosotros. Probó suerte en los concursos literarios, obteniendo en 1992 un accésit del premio teatral Marqués de Bradomín y el primer premio Motín de Arganda, con una obra teatral que se representa anualmente por los vecinos de Arganda del Rey, Madrid. En 1993 recibe el premioJ&B,Joven y Brillante, por su novela Más falso que Judas que acaba de publicar.
A lo largo más o menos de una hora y en el marco, nada más apropiado, del Círculo de Bellas Artes, Antonio nos contaba algunas cosas.
P.- ¿Por qué decides ser escritor?
R.- Es una cosa que descubres cuando eres pequeño. Gané un concurso provincial, cuando estaba en séptimo o en octavo, de cuentos, en la provincia de Alicante donde vivo. Vi que tenía ahí una vía de salida. Luego, los profesores me condujeron un poco en ese sentido, sobre todo el de literatura que me hizo más caso que los demás. Lo tuve abandonado una temporada y hace cuatro o cinco años volví a cogerlo. Soy un escritor compulsivo, tengo siete u ocho novelas, también tengo ocho o diez obras de teatro, guiones de cine,… y siempre cambio de tema y de técnica. Siempre intento experimentar cosas nuevas y siempre con el objetivo de la comercialidad, de vender.
P.- Entonces, por lo que dices, escribes para los lectores más que para ti.
R.- Es una mezcla de las dos cosas, pero, sobre todo, lo que pienso que puede gustar más a los demás. Es más un hecho comunicativo que una especie de ombliquismo extraño y de elitismo. El lenguaje que utilizo es muy sencillo porque intento transmitir las ideas más complejas posibles de la forma más sencilla. Pero, siempre desde la comercialidad que no creo que esté reñida con la calidad. Esa idea la han inventado cuatro cantamañanas por ahí. Creo que lo que no es comercial es elitista y eso no va con mi personalidad.
P.- .Afirmabas que eres un escritor compulsivo que ha escrito casi de todo, pero, ¿te identificas con algún género en especial?
R.- Con el teatro, por ejemplo, en diciembre vi que había acabado un ciclo con un estilo muy definido. Yo no tengo una cultura leída de teatro, de novela aún y de cine aún, ya que tengo la carrera de imagen y sonido hecha y poseo algunos conocimientos cinéfilos. Con el teatro fue una cosa muy extraña porque yo soy una persona con un estilo muy personal entre el realismo y un poco el costumbrismo.
La última obra contaba con una plantilla de una hamburguesería y todo transcurría allí. Y tras esto, vi que había acabado un ciclo. No se explicar por qué, pero me di cuenta de que ya no tenía nada que decir y paré.
Ahora estoy con la novela que es un género más abierto en donde cabe casi todo.
También hago poesía aunque en este campo no haya obtenido ningún premio. Aunque reconozco que en teatro puedo obtener algo, en novela de vez en cuando acertar, en poesía no. Y respecto a los guiones estov esperando una oportunidad.
P- Para ti la comercialidad es una clave, ¿influye eso en que te dediques ahora a la novela que parece que es lo que está de moda?
R.- Sí, porque no ocurre lo mismo con la poesía, y eso porque se lo han buscado ellos mismos ya que los poetas que te venden en los medios de comunicación, si se te ocurre comprarle el libro ves que no entiendes nada. Y ese es el problema que existe en la cultura en general, y es que la gente que se dedica a esto parte de unas bases, de unos prejuicios y unas lecturas que una persona normal no tiene.
Respecto al teatro, se ha perdido la costumbre de ir a verlo porque las obras que se representan no tienen que ver nada con la vida. Es un poco como con la ópera, un poco extraña. Esa es mi opinión y creo que no tiene ningún sentido que haya aquí dos o tres obras de Shakespeare montadas y que de autores contemporáneos de España no haya ninguna. Se ha creado una especie de mundo cerrado.
En cambio la novela es el género más comercial. También, supongo que son modas porque a finales del siglo pasado la poesía se leía más que la novela que estaba más desprestigiada.
La novela, además, ha tenido una importante influencia del cine. Por ejemplo, Benito Pérez Galdós era cine, se movía como una cámara. Cuando nace el cine los novelistas se vuelven más introspectivos, y ahí surge un problema porque, ¿a mí que me importa?, en cierto sentido. Es lo que le pasa al Ulyses de Joice por ahí por Dublín. Hay que combinar un poco la calidad con la comercialidad y mi pretensión es la comercialidad por encima de todo aunque eso me desmerezca y me haga alejarme del contacto con los dioses. Mi intención es vivir de escribir, no hacerme rico, pero sí vivir de ello.
P.- Y en tu forma de escribir, ¿quién ha influenciado?
R.- Muchas influencias, desde el cine, la tele, más que leer libros, las críticas de libros,… Me han influenciado autores americanos como Carver, El cartero siempre llama dos veces, una de mis novelas favoritas. También, algún italiano que otro como Alberto Moravia e Italo Calvino, que son gente que parte de la sencillez para contar cosas complejas que es la máxima que tengo yo. Son gente que toma la literatura como un juego y desmitifican el hecho literario.
Quizá también el primer Camilo José Cela, el de la Colmena y la familia de Pascual Duarte. Después, cuando se perdió en las profundidades de su ombligo dejó de interesarme. Es el problema del autor cuando llega un momento en que él se da más importancia que las historias que cuenta. Camilo José Cela sigue persistiendo en la intención de comunicar porque ahora está preparando algo sobre la matanza de Puerto Urraco, un tema interesante o por lo menos socialmente impactante. Y la penúltima novela que publicó hablaba de un hecho que conmocionó a la opinión pública hace cuatro o cinco años, cuando en un bar entró un fiscal y río a una pareja que se estaba dando un morreo, metió en la cárcel al chico y él se suicidó, una historia también interesante. Un buen material narrativo que conecta con la gente, pero él se da más importancia como narrador y lo entorpece. Es una opinión crítica porque llega un momento en que él toma más importancia que lo que cuenta y ese es su problema. La falta de humildad es muy peligrosa y hay pocos escritores humil-des.
P.- Siempre se ha considerado un buen escritor a aquel que lleva mucho tiempo escribiendo. Pero, últimamente ha surgido una nueva corriente de escritores jóvenes, ¿cómo ha sido?
R.- Sí, hay una moda editorial, pero, también hay unas claves para entenderla. La primera clave es la primera novela de Ray Loriga que se llama Lo peor de todo que me encantó y que hay que leer para entender lo que está pasando. Después de ahí ha venido todo lo que ha venido. Loriga lo ha hecho muy mal porque ha perdido el norte y no sólo lo digo yo, también lo dice la crítica. Ridículo.
Lo que sí hay es una existencia de unos lectores jóvenes que antes no había y eso implica que se vuelva a hablar de la vida, porque hasta ahora nada más que escribían los profesores de bachillerato de provincias que contaban un poco su infancia y lo que había sido su vida. Parece que esa era la única literatura posible en España. Pero el año 70 fue muy hispanoamericano, fue un jarro de agua fresca y pura que ahora ya se ha desvirtuado, se han metido en su mundo y ya no comunican nada, por lo menos a mí. Cuando se produjo esta invasión, positiva, hispanoamericana, los intelectuales españoles lo que hicieron fue encerrarse más aún en el núcleo, no intentar emular aquello. El concepto de comercialidad se ha desvirtuado por eso, porque la gente se ha encerrado en un núcleo. Por ejemplo, volviendo al tema de la poesía, en cada provincia hay grupos poéticos súper consagrados, hay semidioses en todos los sitios, pero, ¿qué tiene que ver eso si luego la gente no los lee? Hay una especie de camarilla literaria que no mira para nada al público. Están encerrados en un puro placer de autoobservarse y ese es el problema.
Sí, se ha creado una corriente pero todavía no ha salido un narrador, y eso lo ha dicho mucha gente, lo dijo Cela en una entrevista hace poco, todavía no ha salido un narrador como él lo fue en los años 40 0 50 cuando empezó a publicar.
Lo peor de todo de Loriga es una novela clave para entender lo que está pasando, pero el nivel que después ha dado él y todos los que hemos ido a su zaga es demasiado bajo. Tanto que desmerece mucho la primera novela y que hace sospechar mucho de ella.
Hay ahora una influencia norteamericana en la novela sobre jóvenes con una especie de nihilismo pijo, desde la comodidad que observa el mundo de alrededor, las drogas, la marcha,… pero eso termina por aburrir y acabará saturando el mercado.
Hay que ser un poco cautos, mantener las distancias, intentar comprenderlo pero, también, ver con frialdad lo que está pasando.
P.- Pero a pesar de esta nueva corriente, ¿sigue haciendo falta tener un padrino?
R.- Sí, evidentemente hace falta padrino pero tampoco es lo único necesario. Creo que lo que hace falta para darte a conocer es tener una buena novela y lo demás es circunstancial. No hace falta que hable bien de ti Umbral, o que hable bien de ti Luis Antonio de Villena, o cualquier crítico importante, si luego, después, el lector lee esa novela y es un petardo.
P.- Centrándonos en tu última novela publicada. Más falso que Judas, vemos el tópico del chico listo el de Madrid y el chico tonto el del pueblo, ¿crees realmente que eso sigue siendo así?
R.- No, no. Quizás está un poco forzada esa idea.
El tonto es más el personaje inconcreto, más paleto que un poco el ambiente en el que se desenvuelve, de gente ruin. Su hermano Luis, su madre,… son personajes muy fríos, no tienen nada de tontos.
Ahora sí, el contraste entre la ciudad y el pueblo se ha tamizado, antes era más grave, pero con el papel importantísimo que ha jugado la televisión y con el poder adquisitivo que tiene ahora todo el mundo, las diferencias son menos.
Esa idea está ahí, pero hay una idea que se nota más como es la de la traición, es una obsesión mía en todos mis escritos, el por qué asociamos inteligencia a maldad y bondad a estupidez.
Eso dice mucho del ser humano, somos seres muy ruines, y eso se transmite. El hombre bueno es el tonto, pero no deja de ser una idea.
P- La novela sigue una línea pesimista desde el mismo principio con la frase que dice: “ya no quedan hombres/ que busquen las verdades,/ ya no quedan ni hombres/ ni verdades que buscar… ”, ¿es característica tuya?
R.- Sí, soy bastante pesimista. No tengo hueco para esperanza ninguna. Es una cosa que está ahí. Supongo que cuando tenga un chalé con varios perros, con varias ex-mujeres y con cinco o seis coches donde elegir, a lo mejor cambio de actitud, pero yo creo que no porque es una actitud vital que tampoco la se explicar. Tampoco la defiendo, quien sea optimista que sea optimista y quien sea pesimista,… yo soy pesimista, y a lo mejor escribiendo más.
P.- En tu novela, y no sólo en ella, se destaca un mundo decadente, inmerso en las drogas, la prostitución y concretizando en la juventud, ¿por qué? ¿es así toda la juventud?
R.- Sí, yo he estado aquí seis años y se que lo hay, tampoco nos vamos a engañar. Existe la cultura de las drogas, existe una cultura del fin de semana y es una cultura bastante practicada, bastante seguida. Pero en el libro todo esto es secundario, está metido en la heroína como se podía haber metido a beber vino. No es el centro de la novela, el centro de la novela es una historia mucho más clásica, mucho más extemporánea, que no se ciñe tanto a esos parámetros. Pasan esas cosas sí, pero porque pasan, porque los chaperos que hay alrededor de las ventas por la noche, seguro que un 90% son yonquis, porque ellos quieren, por circunstancias de la vida o por lo que sea. También hay una idea maligna por parte mía como escritor y es lo morboso. Siempre atrae más lo morboso, la homosexualidad, la droga,… que lo corriente. Otro tipo de juventud habrá, pero la mayoría están así, decadentes y se emborrachan los fines de semana. Hay una estadística en Alicante que refleja que ocho de cada diez bachilleres se emborrachan los fines de semana. Eso es sintomático en muchas cosas, la falta de futuro, la falta de ideologías, nadie te ofrece nada nuevo, no hay un trabajo seguro, no sirve de nada estudiar,… hay una especie de dejadez, unidad, dinero. La falta de ética y los medios de comunicación con su bombardeo a favor del consumismo, que provoca frustración en ciertos jóvenes que no pueden consumir en determinado nivel y lo que hace es evadirse.
Hay que ser pesimista porque ahora corren malos tiempos. Y esta novela y todas las que están saliendo ahora de jóvenes, más que provocar ese ambiente lo que están haciendo es reflejarlo.
Pero como decía, eso es un puro adorno, la historia es más clásica y está por encima de todo eso.
Hay un componente autobiográfico, pero muy pequeño y también hay componentes de adorno, de pura estructura dramática de la novela.
P.- Hablas de componentes biográficos, ¿qué parte es tuya y qué parte es ficción?
R.- La que habla de la infancia y la que habla sobre todo de cosas que pasan en el pueblo son muy personales, son autobiográficas. Es un auiobiograíismo camuflado y muy emocional.
Y luego la parte de Madrid, de cuando yo llegué a la capital, transmito sensaciones de esas. Pero, ni yo he probado la heroína, ni soy homosexual, hasta ahora, ni me gustan ni entiendo de toros, por ejemplo, que parece que sí entiendo porque me documenté. Intento camuflarlo todo, primero, para no dar la tabarra con mi vida que es bastante aburrida y segundo, para intentar entretener que esa es mi función y no contarles mi vida que me interesa a mí y a pocos más.
P.- Pero, los personajes ¿están concretizados en personas reales?
R.- Están sacados de la imaginación. Son una mezcla de cosas. No se puede decir ésta es ésta y el otro es el otro. Hay componentes, un amigo que tiene una pierna más corta que la otra y es un personaje que me inspira ternura y a la vez tiene mala leche y en esta novela que es el hermano de él, el Paty, no tiene mala leche.
Es una mezcla de cosas. El Cejijunto puede ser un alter ego mío, pero siempre lo matizas, siempre quitas cosas. No es una base autobiográfica, entonces, modificas. Tampoco ha hecho la mili y parece que sí la ha hecho porque el personaj e conoce cosas.
Intentas dar un producto al lector con unos adornos y a veces se cuelan cosas inconscientemente.
Ya digo, hay cosas mías de la infancia que sí están ahí. Recuerdos muy diluidos y que son fácilmente generaliza- bles, como mearse en la cama o cosas así que ha todos nos han pasado.
P.- La novela es como muy caótica y escrita con un lenguaje muy crudo, aunque a la vez muy real. ¿No crees que puede chocar a la gente que está acostumbrada a un tono más clásico?
R.- Yo creo que sí, pero ese es uno de los retos. Se trata de una experimentalidad relativa. Volviendo a lo de antes, tiene una base comercial. Respecto al hecho del lenguaje, hay que tener en cuenta que la historia la está contando un hombre de la calle que está contando su vida. Puede chocar en un primer golpe de vista. Lo que yo si pido al lector cuando vaya a leer la novela es que se relaje y que deje los prejuicios y se deje llevar por la historia. Otra cosa es que le guste o no. El lenguaje que utilizo no es más que un vehículo para transmitir unas ideas, unas sensaciones, una historia. El lenguaje no es un fin en sí mismo. Y, además, el lenguaje de la calle tiene tanta belleza como el académico o más, incluso. El de la calle es más onomatopéyico, tiene que ver más con el ruido y el hecho de que la novela sea experimental es porque el tema llama que sea así, la mentalidad de un hombre que se está muriendo y está recordando su vida a saltos para delante y para atrás. Es una escritura oto- mática que se fragmenta dentro del discurso, lo que contribuye a crear algo positivo, que unifica y ha hecho que haya salido una novela redonda. Un poco a pesar mío porque a mí me gustaría que me salieran todas bien y no es así. Es la única con la que he ganado cosas: la seleccionaron en ajoblanco cuando no sabían que la iba a publicar y que había ganado el premio J&B, un premio para novelistas universitarios que gané en la convocatoria del 93 con un jurado en el que había miembros de la Real Academia como Francisco Ayala y Carlos Bousoño.
Por eso digo que el lenguaje aunque pueda aparentar una cosa llega un momento en que en la novela vale, lo que cuenta, por encima de los medios que utilice para ello.
P.- Los premios que has recibido por esta novela y otros que has recibido por obras tuyas, ¿son los que te han animado a seguir escribiendo?
R.- Sí, claro. Ahora estoy con una novela de crios que es para un concurso. Acabo de terminar un libro de poesías que es para dos concursos,… Es un poco la dinámica. Y claro, si no te dan de vez en cuando medio millón, o cien mil, o lo que sea, bien de Cuenca, o de Burgos, o de Gran Canaria,… no puedes seguir funcionando. No solamente por el dinero, sino también por la autoconfíanza. Es un reto.
Y los concursos, sí. Yo me puedo definir, valga la redundancia o la estupidez como un concursante profesional. Ya más o menos calculo los concursos que están ya dados, los concursos en los que tengo alguna oportunidad. Ya he cogido la experiencia a base de mandar fotocopias, fotocopias,… Es una experiencia triste porque ¿de qué sirve?. Llevo un año y medio sin ganar algún premio. Bueno, una beca de creación literaria que me dieron. Pero, en el 94 gané muchos premios, gané casi dos millones de pesetas en premios literarios y eso es una barbaridad. Es un poco un factor de suerte. Los concursos son la única salida válida que hay hoy por hoy, porque presentarle a las editoriales directamente es un poco ridículo, si no vas avalado por alguien o algo, que puede ser un premio.
P.- Decías que has escrito también para niños.
R.- Sí, tenía una novela hace tiempo y ahora estoy escribiendo una historia sobre un zoológico. Soy versátil.
P.- Y, ¿qué te resulta más fácil, escribir para niños o para adultos?
R.- Son igual de complicados unos que otros. A mí me gustan mucho los Simpson que son dibujos para crios, pero que los ve una persona mayor y se lo pasa bomba. Tiene un humor corrosivo y a la vez es infantil. Esa es la línea que llevo cuando escribo para crios y cuando escribo poesía, también. Siempre la sencillez y el sentido del humor. No creo que haya un lector prototipo. No creo que por el hecho de que el lector sea un crío haya que tratarle como a un tonto al que hay que repetirle las cosas varias veces. Tan tonto puede ser un crío como un mayor. De hecho, hay más mayores tontos que crios tontos. Nos vamos haciendo tontos a medida que crecemos.
P.- ¿En qué estás trabajando ahora?
R.- Ahora estoy en paro. Estoy esperando a ver si me sale alguna cosilla. En mi carrera he tirado ya la toalla, hice la carrera de imagen y sonido, pero he tirado la toalla porque ese es un mundo muy cerrado.
Estoy a ver si me sale algún trabajillo y estoy inten-tando colocar mi última novela. Una novela que he escrito sobre el sida y que tengo en un par de concursos. Estoy esperando a ver cómo funciona. Ese es un poco mi objetivo, publicar la siguiente novela.

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