Gobernantas

Un día, cuando ya no queden hombres con poder de mando, las mujeres lo celebrarán con alborozo. La fiesta durará varios días, y sus buenas vibras seguirán propagándose durante semanas, meses incluso.
Pero pronto las mujeres en edad madura comenzarán a reprochar a las más jóvenes su ánimo acaparador y mediatizarán la idea de que la sociedad es injusta con las personas de mayor edad, y de que existe una clara discriminación inconsciente que habría que corregir cuanto antes. A lo que las más jóvenes, mucho más duchas en el arte propagandístico y mayor número de neuronas activas, pronto reaccionarán propagando artículos poniendo en duda la conveniencia de las mujeres mayores de cuarenta para tomar cualquier tipo de decisión política de enjundia y rápidamente comunicarán al inconsciente colectivo dicha idea; tras lo que, evidente y paulatinamente, las mujeres a partir de la treintena larga comenzarán a ser replegadas a los banquillos del poder; en ocasiones por sus mismos grupos, en ocasiones por ellas mismas, después de autoasimilar la idea, no falta de razón empírica.
Entonces llegará un momento en el que las mujeres de entre 15 y 35 años gobernarán occidente. Pero hete aquí que las mujeres de esa edad que sufrían de sobrepeso comenzaron a observar que eran relegadas a cargos de menor valía y peor compensados económicamente que los que ocupaban las que lucían mejor tipo. Por lo que comenzaron a manifestarse de manera regular y ruidosa en las plazas de las principales ciudades. Y lo harán cada vez más regular y ruidosamente, y en más ciudades; incluso habrá ciudades grandes en las que, por puro practicismo táctico, escogerán dos o varias plazas en las que repartirse.
Aquí, por el contrario, y como es fácil de suponer, vencerán por ventaja las mujeres jóvenes de mejor tipo. Pues, bueno, está feo decirlo, pero siempre es mucho más agradable poner la tele y ver a una chica flaca y sonriente que a una gordita con la mirada entristecida. Si además este argumento se quedara corto, bastará con propagar una serie de memes explícitos para poner en evidencia a las mujeres jóvenes gordas. Punto y final.
Pasarán meses, sin llegar al año, en el que entre las mujeres jóvenes flacas que gobiernen, surgirán dos grupos claramente diferenciados: Por un lado estarán las que han nacido en barrios residenciales y han estudiado en el extranjero, y aquellas que, aun siendo flacas, provienen de barrios claramente trabajadores, incluso de aquellos que, estando sus calles bien iluminadas y el suelo de sus casas emparquetado, sus progenitores han tenido y tienen la obligación de rendir con un horario laboral.
Esto, que en un principio pasó por alto, no tardaría en ser alertado por estas últimas, pues notarán que, poco a poco y de una manera gradualmente naturalizada, las más favorecidas socialemente comenzarán a juntarse entre ellas y formar grupos de poder elitista, repartiéndose las mejores parcelas de poder, con mejores emolumentos, y mayor capacidad de comisionar los grandes contratos públicos. No, no. De eso nada.
Sin permitir que trascienda al populacho, comenzarán una guerra interna a un nivel romanosenatorial, y no tendrán dudas en diferenciarse el bando, pues simplemente bastará con corroborar la naturalidad con la que podrían llegar a ser capaces de terminar los participios.
Envenenamientos, accidentes mortales y directamente empujones por las escaleras se sucederán escandalosamente. Y sin duda será un buen indicador de la peligrosidad del ambiente observar cómo aumentará exponencialmente la tarifa de los sicarios.
Resta decir que vencerán las mujeres jóvenes flacas y más algo origen social. Pues, siendo menos numerosas como serán, tendrán mayor capacidad de negociación y de contratación de servicios externos de cualquier tipo. Sin olvidar la capacidad de persuasión que para aquellas mujeres jóvenes flacas y de clase media supusieron las promesas de ascender socialmente y se ponían de parte de aquellas que tenían originalmente por encima.
Quedando claro el panorama, se vivirán unos años de paz relativa. Pero no tardarán en aparecer en el escenario aquellas mujeres que en plena adolescencia o recién abandonada esta, comenzarán a demandar su parcela de poder.
Si a esto le sumamos las diferencias que han ido surgiendo entre las gobernantas del norte con las del sur, motivadas por sus distintos acentos, hábitos cotidianos y formas profundas de entender su tiempo libre. Entonces nos encontraremos con la aparición de la primera gran crisis del nuevo estado.
Las mujeres jóvenes, flacas, pijas, tanto del norte como del sur, comenzarán a utilizar a sus adolescentes para iniciar una guerra sucia frente a sus enemigas. Una guerra sucia que parecerá inocente en un principio, pues se basará en memes y videos cortos en las redes sociales ridiculizando los acentos y costumbres de sus enemigas; pero que en cuestión de pocos meses ya habrán conseguido el objetivo que siempre se consigue en todas las guerras, y que no es otro que el deshumanizar y caricaturizar al enemigo. De aquí al paso siguiente, el de la confrontación física, sólo hay un paso. Y se dará.
Así tendremos el siguiente escenario: Por un lado estarán las fuerzas gobernadas por las mujeres jóvenes, delgadas y pudientes del norte contra las mujeres jóvenes, flacas y ricas sureñas. Aquí asistiremos a una evidencia que, bien por razones climáticas, bien por otras meramente costumbristas, siempre se ha dado desde que el mono se puso de pie: El norte vencerá al sur. Doblegándolo.
Y entonces, para que regresaran por sus fueros, las gobernantas jóvenes, delgadas y pudientes del norte enviarán delegaciones gubernamentales que se distribuirán estratégicamente por las tierras del sur. Además, comenzarán a adoctrinarles infructuosamente sobre las bondades de sus costumbres, ya sea bien por los libros de texto como por los contenidos mediáticos.
Aunque no tardarán en connotar que aquella no será una labor fácil.
Además, a raiz de aquella estrategia expansiva surgirá una dinámica atomizadora con la que no contaban: Pues a base de ser enviadas a las zonas del sur como gobernadoras, en el norte cada vez se reducía más el número de mujeres jóvenes, delgadas, adineradas y poderosas, llegando a crear un grupúsculo reducidísimo, que podrá incluso sentarse alrededor de una misma mesa sin apreturas.
Estas pocas, menos de cinco incluso, mujeres serán pues las que tomarán las decisiones que conciernan al resto de la sociedad.
Y ustedes, llegados a este punto de la narración, sería de justicia que llegaran a pensar: Bien, ¿no?
Pues no.
Porque ahora será entre las gobernadoras periféricas entre las que comenzará a subyacer un reconconamiento inédito hasta entonces. Una idea de segundonismo se propagará orquestadamente entre ellas. Y así asistiremos a un aluvión de requerimientos contraprestativos que les confortara estar lejos de su tierra, rodeadas de enemigos.
Esta corriente de descontento, como era de esperar, sin duda será aprovechada por alguna de las cinco mujeres jóvenes, flacas, ricas, norteñas y emponderadas que se sentaban alrededor de la misma mesa decisoria. Y así pronto tendremos que, por aquellas cosas que tiene el poder, donde eran cinco acabarán siendo solo dos.
Dos mujeres.
Una de ellas será partidaria de centralizar el poder y la otra, por el contrario, y haciendo portavocía de sus aliadas, defenderá en todo momento que el poder debía esparcirse desde su origen mismo.
Aquel toma y daca durará unos cinco años. Si a esto le sumamos unos siete años de sequías y crisis financieras, pues entonces tendremos el caldo de cultivo desencantado propicio. Habrá elecciones y, enmedio de un ambiente tenso, al descubrirse o propagarse el bulo, nunca se sabrá, de un posible pucherazo, la cosa llegará a mayores y se declarará la guerra.
Comenzará entonces a reclutarse a las mujeres jóvenes, pero entonces algo inesperado sucedió: Las mujeres jóvenes se negará a ir a luchar por unas líderes viejas y ligeramente gordas.

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