inmaculada, relato de Antonio Peñalver

Inmaculada (relato)

Vino hace dos días y aunque está blandica, aquí está.
Ya está comiendo algo y eso es buena señal. Ayer unos fideos, por lo menos le dio alguna cucharada. Algo es algo. Y agua, me dijeron del hospital que tomara agua, que hiciéramos todo lo posible por hacerle que bebiera agua. Me he tenido que venir yo sola, porque tampoco era plan de llevarla a casa con todos. Ni sola se iba a quedar, claro; ni pensarlo; ni de mandarla a una residencia como nos dijeron. Es mi madre y está aquí conmigo. Sea lo que tenga que ser.
El miedo que tengo es a que me toque a mí y no pueda seguir cuidándola.
En cuanto nos dijeron que las pruebas le habían salido que sí que era, nos dijeron que teníamos que hacernos todos las priebas del PCR, y la chica que venía a limpiarle también. Pero la pobre de Luz, desde que le dijimos que mi madre estaba internada en la residencia con el coronavirus, ya no nos coge el teléfono ni abre los wasaps. Imagínate cómo estará. Pues como estamos todos.
No sé lo que hacer. Nos dijeron que tenía que estar una semana sin salir de la habitación, sólo para hacer sus necesidades. Pero yo tampoco puedo salir de la casa. No pasa nada. Es mi madre. Y para mí es lo más importante. Esta noche parece que he podido dormir un poco. He soñado un montón de cosas. Pero después de ducharme he comenzado a notarme como un picor de garganta y una tosecica que no se me quita.
He llamado a mi Miguel, que es ATS y le he dicho que si pudiera ser eso. Pero me ha dicho que no, mama, que me tranquilizara, que la abuelita está curada, y que no puede contagiar a nadie. Pero que a mí que no se me olvide de ponerme la mascarilla de esas buenas blancas duras que él me trajo, cuando entre en la habitación o la acompañe al baño.
Cuando se la bajaron me dijo que él se quedaría con su abuela, pero él tiene su trabajo y en el centro de salud están hartos de hacer horas extras, que alguna ni se las están pagando. Además, que él tiene su familia y mi madrecica es cosa mía.
Habla poco. Yo tenía ganas de verla, porque la he llorado mucho estos quince días que ha estado ingresada. Y le sacaba conversación cuando vino. Pero ahora la dejo más tranquila. Está cansada. Aunque feliz de estar en su casa.
A veces quiere sonreir, pero no llega.

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