laguardacuidadosa-entremes cervantes por antonio peñalver

La Guarda Cuidadosa -Entremés (teatro)

(Sale un ARQUITECTO con vaqueros y americana prieta, y lleva al hombro un cilindro de plástico de los que usan los de su profesión para transportar planos. Al rato de estar esperando algo en la puerta de una pa­nadería, llega un FUNCIONARIO de Correos subido en una Vespa amarilla)

ARQUITECTO: ¿Se puede saber qué haces tú por aquí otra vez, malasombra?

FUNCIONARIO: Lo que a ti no te importa, ni más ni menos.

ARQUITECTO: Pues a lo mejor resulta que sí que me importa, fíjate, lo que haces tú por aquí a estas horas.

FUNCIONARIO: Chaval, ¿qué no ves que estoy trabajando…? Busco al destinatario de estas cartas. Y creo que precisamente van (señala a la panadería) adonde tú no eres bien recibido.

ARQUITECTO: Tú lo que vienes es a ver a la dependienta, a la Cristinica.

FUNCIONARIO: Oye, pues ya que lo dices… De paso también la veré, sí.

ARQUITECTO: ¿Verla? ¡Seguro que te lías te lías a darle coba y te dan dentro la una y media! 

FUNCIONARIO: Pues, oye, sí se tercia… Que yo sepa no está prohibido hablar con las dependientas… 

ARQUITECTO: Pero da la casualidad de que esa dependienta ya tiene con quién hablar.

FUNCIONARIO: Quién lo diría, porque lo que es a mí siempre tiene conversación pa darme… 

ARQUITECTO: ¡A ti lo que te voy a dar yo es una hostia!

FUNCIONARIO: Chaval, espérate antes a que te crezca la barba.

ARQUITECTO: ¡Mira que te arreo, eh!

FUNCIONARIO: Arrea y apúntate a un gimnasio a ver si te relajas.

ARQUITECTO: ¿Te da a ti conversación la Cristinica?

FUNCIONARIO: En cuanto me ve entrar.

ARQUITECTO: ¿Es que le has regalao algo o qué?

FUNCIONARIO: Muchas cosas…

ARQUITECTO: ¿Muchas cosas? ¿Qué cosas?

FUNCIONARIO: Pues mira, ayer, sin ir más lejos, le traje una caja de bombones. Y la semana pasá, unas ligas…

ARQUITECTO: ¿¡Unas ligas!? ¿¡Y te las cogió!?

FUNCIONARIO: Yate digo. Aunque lo que más le traigo son cartas. Sobre todo de amor…, tú ya me en­tiendes. Cartas que tienen en su remite al mismo que se las trae…

ARQUITECTO: Pero, ¿tú no eres casao?

FUNCIONARIO: Pues da la casualidad de que no. Pero, no te creas, que dentro de poco abandono la soltería…

ARQUITECTO: ¿Tú? ¡No será con mi Cristinica! El otro día, precisamente, le envié yo una carta de amor de seis folios; y le adjuntaba también una fotocopia de la solicitud de ingreso bancario para los derechos a par­ticipar en el concurso-oposición de la plaza de Arquitecto municipal de Periana.

FUNCIONARIO: Eso queda un poco lejos, ¿no?. ¿En Málaga…?

ARQUITECTO: Da igual adonde quede. Porque ella ya me ha prometido que se vendrá conmigo allá donde yo encuentre plaza.

FUNCIONARIO: Pues entonces ya puedes ir haciendo las maletas… Aparte de las promesas, ¿qué más tienes que ofrecerle?

ARQUITECTO: Cariño. Porque ella sabe que yo soy una persona sensible y respetuosa. Lo sabe y le gusta que sea así.

FUNCIONARIO: Vaya, todo un romántico. Eso está muy bien, chaval. Sin duda el futuro es de vosotros, los jóvenes…

ARQUITECTO: ¡El futuro y el presente!

FUNCIONARIO: …Indefinido. Bueno, y dices que ella te ha prometido fidelidad eterna. Pero, ¿qué prue­bas te ha dao Cristina de su amor…?.

ARQUITECTO: Ella no me dirige la palabra; sé que me pone continuamente motes, cada vez que entro a comprar algo me cobra más de la cuenta y, encima, siempre me vende los cruasán duros. Pero en el fondo yo sé que eso lo hace para ponerme aprueba. Porque ella sabe que me paso aquí prácticamente todo el horario comercia] por amor. Soy, lo que se puede decir, su guarda cuidadosa. Como el perro del hortelano, que ni como ni dejo comer… a nadie. Ni a nadie ¡a nadie! Que si no fuera porque llevas uniforme te metía tres so­papos que te dejaba más tonto de lo que estás…

FUNCIONARIO: Venga, acércate, chaval. Tú por el uniforme no te quedes con las ganas…

ARQUITECTO: La suerte que tienes es que llevas uniforme. Esa es la suerte que tienes tú. ¡Anda, corre, lárgate!

FUNCIONARIO: Me largo, niño, me largo. Pero espérate aquí que acabe el reparto. Que, estate seguro que, aunque venga sin uniforme, a ti te voy a repartir lo tuyo, don Guarda Cuidadosa.

ARQUITECTO: Aquí estaré esperándote.

FUNCIONARIO: Aquí vendré a buscarte.

(Sale el FUNCIONARIO de Correos)

ARQUITECTO: ¡Oh, mujeres, mujeres, todas igual de caprichosas! ¿Me dejas a mí, el Gaudí del siglo XXI, por el primer cartero gris que viene a traerte los certificados…? ¡Si por lo menos fuera técnico de Correos! ¡Pero es que es un simple repartidor de poco monta, que se tiene que pasar la mitad del año costipado y la otra mitad oliendo a sudor! Ahora, que yo pienso estar aquí haciendo guardia para que ni ése ni ningún otro pretendiente venga a la panadería a hacerte la corte. Sí me tienes que poner otro mote, vete pensando en el de Guardia Cuidadosa.

(Aparece un YONQUI vestido con un chándal y con unos paquetes de Clínex en la mano)

YONQUI: Eh, coleguita, enróllate y cómprame unos pañuelicos del rollo. Que no encuentro curro y tengo una nena que mantener…

ARQUITECTO: ¿Una vena? ¿Y aún te queda alguna vena intacta?

YONQUI: Enga, colega, no me vaciles, eh. Que yo puedo aparentar poca cosa, pero tengo mucho ner­vio, colega.

ARQUITECTO: No, no, sino lo dudo. Oye, ¿ y tú vienes mucho por aquí, por esta panadería?

YONQUI: Puf, yo qué sé. Lo mismo un día me paso, que me paso al siguiente, que me paso una semana sin pasarme por este barrio, que…

ARQUITECTO: Vale, vale. ¿Y te suelen comprar pañuelos?

YONQUI: Pues, hombre, algún paquetico cae.

ARQUITECTO: ¿Algún paquetico? Y, dime, y quién te lo compra.

YONQUI: Pos una, ¡yo qué sé! Laque me pilla más cerca. Aunque casi siempre es la misma, una que está muy buena. Una morena… (Señala unas tetas prominentes) así, muy buenorra…

ARQUITECTO: Lo sabía. No podía ser otra. Mira si lo sabía, ¡mi Cristinica!. Así que está muy buenorra, dices.

YONQUI: Pa mojar pan.

ARQUITECTO: Oye, ¿y cómo te llamas tú, si puede saberse?

YONQUI: ¿Yo? Rafael González. Pero tós me conocen por el Rafi, el Trepas.

ARQUITECTO: Pues toma, Trepas. Toma estas quinientas pesetas y que no te vea aparecer por aquí en, por lo menos, en una semana.

YONQUI: Eso son cinco paquetes, y ahora sólo llevo encima tres…

ARQUITECTO: No, no, llévatelos, llévate los pañuelos. Que yo no quiero pañuelos. Lo que sí que quie­ro es no volver a verte por aquí en una semana lo menos. ¿Está claro?

YONQUI: Vale, cotejita, ni en una semana ni en un mes. No te preocupes, que ya me piro.

(Se va el YONQUI)

ARQUITECTO: ¡Aquí no entra ni uno! ¡Aunque tengan que tirar el pan a la basura!

(Entra otro VENDEDOR, pero este lleva una caja con cintas casetes piratas)

VENDEDOR: ¡Cintas de los mejores grupos! ¡El último de los Chunguitos! ¡ A cuarenta duros tos! ¡Y, ojo, que suenan mejor que las originales, casi!

(Se asoma CRISTINA a la puerta de la panadería, y se dirige al VENDEDOR)

CRISTINA: Eh, Cubiche. ¿Qué pasa? ¿Tienes el último del Ramoncín ahí?

VENDEDOR: ¿El de directo?

CRISTINA: No, el que ha sacao ahora. El del tigre o no sé…

VENDEDOR: Ah, ése. Esa me la están grabando en el estudio. La semana que viene la tengo. 

CRISTINA: Espera, que no pamí… (Se mete para adentro de la panadería gritando:) Oye, ¡que dice que no tiene la del tigre, que tiene la del directo…!

ARQUITECTO: Eh, tú, respóndeme a una pregunta. ¿De qué conoces tú a ésa que se ha asomao? 

VENDEDOR: ¿A la Cristi?

ARQUITECTO: ¡A la Cristi, dice! ¿¡Será chulo el tío!? ¿¡Es que te has acostao con ella como para llamarla Cristi o qué!?

VENDEDOR: Eh, eh, eh. Tranqui, tronco.

ARQUITECTO: ¿Tranqui? ¡Lárgate de aquí pitando sino quieres comerte todas las cintas!

VENDEDOR: Vale, tronco, que yo vivo de esto…

ARQUITECTO: No me hagas que te repita lo que te he dicho sino quieres que te dé…

VENDEDOR: Bueno, tronco, me piro. Vaya mala folla que tiene éste…

CRISTINA: Que sí, que dice que le des el de direc… ¿Y el Cubiche?

ARQUITECTO: ¿El Cubiche? Se acaba de largar directo a por el del tigre… ¡Que mientras esté yo aquí, aquí no entra ni un gato!

CRISTINA: Madre mía, ¡la que me ha caío encima! ¿Se puede saber qué haces tú en la puerta de la tienda haciendo guardia a toas horas? ¿Es que no tienes na mejor que hacer…?

(Se mete CRISTINA otra vez dentro)

ARQUITECTO: Se nota que estaba a gusto hablando conmigo. Ha salido realmente a hablar conmigo. Claro, y ha cogido al de las cintas como excusa. Di que sí. Anda que no sabe ésta también…

(Aparece por la calle un REPARTIDOR de una zapatería)

ARQUITECTO: ¡Eh, tú! ¿Adonde te crees que vas tan deprisa?

REPARTIDOR: Pues… ahí.

ARQUITECTO: ¿Ahí? Y ¿a quién buscas ahí, si puede saberse?

REPARTIDOR: ¿Porqué no iba a poderse? Busco aúna de las muchachas que está de dependienta. Se compró en la tienda estas zapatillas y, como le rozaban unas costuras, las trajo y se las hemos lijao… Y aquí están. Lijás.

ARQUITECTO: ¿Puedo ver lo que hay en esa caja?

REPARTIDOR: Pues no.

ARQUITECTO: Y…¿están pagadas ya o no?

REPARTIDOR: No, quedamos en que me las pagaría en cuanto que se las trajera.

ARQUITECTO: Te voy a pedir el favor, si me haces el favor… Mira, te voy a pedir que me fíes a mí las zapatillas. Déjamelas a mí y yo, ahora mismo no puedo pagártelas porque no tengo dinero encima, pero en dos o tres me… semanas ya tendré trabajo. ¿Eh? Date cuenta que soy arquitecto.

REPARTIDOR: Ya, si de mí dependiera… Pero es que yo soy un mandao, compréndame.

ARQUITECTO: Qué te daría yo de prenda… ¡Ah, aquí hay algo! Toma.

REPARTIDOR: ¿Eso qué es?

ARQUITECTO: Un cortaúñas.

REPARTIDOR: ¡Puag, qué asco!

ARQUITECTO: ¿Asco? ¡Pero si está casi sin usar! Tómalo, chico. Tú dime en dónde trabajas y yo, en cuanto que cobre mi primer sueldo como arquitecto, lo primero que pienso hacer es ir allí a pagarte estas zapa­tillas. Y cuenta con una propina.

REPARTIDOR: Ya, es queee… Si dependiera de mí…

ARQUITECTO: Date cuenta el agujero que tiene en la punta, que si le metes una anilla lo puedes tam­bién usar como llavero.

REPARTIDOR: No, si bueno se ve que es. Pero es que me da lástima que lo puedas perder. ¿Y si, por una casualidad de la vida, Dios no quiera, no cobras? ¡¿Y el peso de conciencia que me va a entrar cada vez que me recorte los padastros?! No, no, no, quite.

ARQUITECTO: ¿De qué número son?

REPARTIDOR: El qué… Ah, ¡las pantucas! Del ocho.

ARQUITECTO: …El ocho… ¿Te gusta la poesía, chaval?

REPARTIDOR: ¡Puf!

ARQUITECTO:‘Zapatillas de mis entrañas’

El amor es un tirano que insiste en hacernos ver que todo el esfuerzo es vano si insistimos en meter en un zapato una mano.

Pero no maldigo España, ni insulto a nadie con saña, si tu pie, que es cosa fina, siendo como es tuyo, Cristina, necesitan de ser lijadas, zapatillas de mis entrañas.

¿Qué tal?

REPARTIDOR: Puf. ¿Eso de qué es, de Alberti o alguno de esos…? Yo es que no entiendo.

ARQUITECTO: Eso era un soneto. Palabras mayores, chaval. Mira, puesto que veo que no vas a fiarme, míralo que acabo de pensar… Llévate las zapatillas a la tienda, que yo iré allí en dos días todo lo más y las recojo personalmente. Sea como sea; pero el caso es que tú no entras a la panadería ni loco.

REPARTIDOR: Ah, ya veo. Ya. Bueno, pues me las llevo. Porque veo de qué pies cojeas tú, porque son dos: el de la necesidad y el de los celos.

ARQUITECTO: Pues para ser un simple repartidor eres tú muy inteligente.

REPARTIDOR: ¿No ves que me muevo mucho y veo mundo? Puf, ¡mira que son malos los celos, eh! (Sale el REPARTIDOR)

ARQUITECTO: No, sino fuera porque estoy aquí yo… Esto estaría lleno de moscones que acudirían en manada a la rica miel de mi Cristinica. Pero, ¿qué voz es esta que escucho? ¡Pero si es la de Cristina…!

(Se oyen cantos en off de CRISTINA)

CRISTINA:

 Ay, cartero de mi vida

cartero de mi corazón.

Ay, cada vez que me miras me se nubla la razón…

ARQUITECTO: ¿Estás oyendo lo que canta? Por fo que se ve el cartero fe tiene sorbido el seso. ¡Ay, panadera mía, yo que soñaba con que me masajeabas la espalda a! volver de trabajar! ¿Porqué no te limpiarás la mente de esos pensamientos erótico-postales igual que te limpias a diario la bata de panadera…?

(Sale a la calle el JEFE de la panadería)

JEFE: Oiga, joven, ¿se puede saber qué coño haces aquí en la puerta tol santo día?

ARQUITECTO: Lo que hago es cosa mía. Pues estoy esperando a una persona que no viene. Pero, ¿quién eres tú?

JEFE: Soy, ni más ni menos, que el dueño de este establecimiento.

ARQUITECTO: ¿El jefe de Cristina?

JEFE: Ea.

ARQUITECTO: Pues ahora cuando entre le enseña esto a Cristina. Dígale que son los planos, de planta y de alzado, de un chalet que tengo proyectado construirle en la sierra cuando llegue el día.

JEFE: ¿Y qué día es ése que tiene que llegar?

ARQUITECTO: El día que a usted no le importa: San Ni le vá Ni le viene.

JEFE: (Mirando los planos) ¿Y todo esto lo has dibujao tú sólo? Y ¿para qué sirve tanta raya?

ARQUITECTO: Pues para hacer la felicidad de su empleada Cristina. Y es que tengo en vísta unas oposi­ciones que están apunto de ser convocadas en Andalucía. Para más detalle son tres puestos: En Periana, La Línea y Camas.

JEFE: Pues, si te digo la verdá, no entiendo lo que me estás diciendo, hijo.

ARQUITECTO: Lo que quiero decir es cosa mía y de Cristina. Aunque, ¿sabe?, me ha caído usted bien. Se le ve cara de buena persona. Por eso, y en agradecimiento por haberle dado ocupación a mi prometida de soltera, en cuanto que me case con ella, estoy esperando antes a sacar la plaza, lo mío será también de usted.

JEFE: Hijo, déjame que te haga una pregunta, sin ánimo de ofender, pero ¿estás de permiso en el siquiátrico de Santa Fas o qué?

ARQUITECTO: A todos los genios nos han tratado de locos. Usted limítese a darte estos planos a Cristina y… No, mejor, antes de volver a entrar, sería mejor que se diera una vuelta por ahí.

JEFE: ¿Me estás negando que entre en mi propia panadería?

(Regresa el FUNCIONARIO de Correos con un amigo, FERMÍN, armado con una porra extensible)

FUNCIONARIO: ¡Ése, Fermín, ése de la americana de pata de gallo es!

FERMÍN: Si lo sé traigo el gato del coche, que a los chulos así hay que darles a base de bien.

JEFE: ¡Haya paz, buena gente! ¿Qué tipo de hombricidio es éste?

ARQUITECTO: ¡¡Criminales!! ¡Que me quieren matar vivo! ¡A traición yen cuadrilla! ¡Tendríais que estar repartiendo cartas y no matando a la gente honrada que os paga los sueldos con sus impuestos! ¡¡Gandules!! ¡¡Cobardes!! ¡Con porras a mí! ¡Pues sí que…! Venid, venid, que no os tengo miedo, mantas.

(Se asoma CRISTINA y COMPAÑERA)

CRISTINA: ¡Mari, Mari, que me matan al novio! ¡Que me lo matan entre tres!

ARQUITECTO: Me ha llamao novio.

COMPAÑERA: Ay, Cristi, qué miedo. ¡Con lo bestias que son los tíos! ¡Vamos a separarlos antes de que se maten!

JEFE: Por Dios, conténganse (as iras, y miren que (a violencia llama la violencia y no es camino.

ARQUITECTO: ¡Venga, par de gandulazos! ¡Que eso es lo que sois todos los carteros! Y luego mandas una carta y te tarda lo que te tarda… ¿¡A qué estáis esperando para venir aquí!?

JEFE: Tranquilícense, sino me veré obligado a intervenir yo también, y vamos atener que lamentarlo todos, eh.

ARQUITECTO: Usted, jefe, manténganse al margen. Que no me gustaría que se me escapara un golpe y tener que herir al empleador de mi lucero.

FUNCIONARIO: ¡Pues cuando acabemos contigo vas a ver luceros por todas partes!

ARQUITECTO: ¡Con porras extensibles a mí! ¡Cómo se conoce que no me conocéis bien a mí! ¡Venid, venid aquí ya, cobardes, venga!

(Interceden CRISTINA y COMPAÑERA)

CRISTINA: ¿¡Será posible que os estéis peleando por mil?

ARQUITECTO: Ha dicho “os”. O sea, ¡que también me tiene en cuenta!

COMPAÑERA: Jefe, usted no se meta, no sea que lo vayan a lisiar.

JEFE: Yo no voy a meterme, no te preocupes, nena.

COMPAÑERA: Cristi, ¿quién de estos es el de las cartas…?

CRISTINA: Los dos, ¡que cartas me mandan tós!

COMPAÑERA: Ya, pero digo que cuál es el que se quiere casar contigo…

CRISTINA: Por quererlo, ¡los dos quieren!

COMPAÑERA: Ya, mujer, pero ¿y tú?, ¿con quién quieres casarte tú?

JEFE: Cristina, hija. ¿Es alguno de estos tu novio formal?

CRISTINA: Sí, uno.

JEFE: Bien, pues entonces dilo, y que acabe la pelea antes de empezar.

ARQUITECTO: Cristina, mírame. Míralo que puedes echar a perder si te vas con el cartero. Mira, aquí te he hecho unos planos del chalecito que pienso construirte en la sierra en cuanto que las cosas empiecen a ir bien y saque la plaza. Conmigo, si tienes paciencia, vas a vivir como una reina, Cristina.

FUNCIONARIO: Pues yo sólo te puedo ofrecer vivir como una condesa. Pero eso sí, desde mañana mismo.

CRISTINA: ¡Me quedo con mi cartero!

COMPAÑERA: Vaya, ya era hora, hija. Que me has tenido en velo.

ARQUITECTO: ¿Tienes novio, muchacha?

COMPAÑERA: No, ni ganas. Que todos sois unos moros.

ARQUITECTO: Te advierto que yo no soy nada celoso. Además, antes de que se acabe el año voy a en­contrar colocación como arquitecto municipal de Periana, Máiaga.

COMPAÑERA: Pues cuando te coloques me vienes después a buscar a mí, que yo seguiré vendiendo barras en Panaderia-Bollería Juan Ramón.

JEFE: Esperad un segundo, que esto hay que celebrarlo.

(Entra a la panadería y sale con una botella de champán y una guitarra)

JEFE: Tú, muchacho, no desesperes. Que el amor llega cuando menos se lo espera uno. Además, hazme caso, que cuando estés casao ya verás cómo echarás en falta la soltería. Acepta, pues, ser mi invitado. Y ten el honor de abrir esta botella, que se la jodía se me resiste…

ARQUITECTO: Venga, deme. (Descorcha la botella). Y ahora póngame música a esto…

‘Lo primero es el dinero lo segundo es el te quiero’

Las mujeres siempre escogen aquello que vale menos.

Y los que de verdad valemos, a nosotros no nos cogen.

Pues prefieren a un cartero que a un proyecto de arquitecto.

Me pregunto porqué es esto y me respondo: “Por miedo”.

Lo primero es el dinero lo segundo es el te quiero…

FUNCIONARIO: Quería este licenciado quitarme mi prometida con un plano que traía, pero ella lo ha despreciado, pues de planes no se come ni se pagan alquileres, con cariños ni quereres.

Así es desde que el hombre es hombre. Lo primero es el dinero lo segundo es el te quiero…

(Todos entran a la panadería cantando y felices).

Esta es una adaptación actualizada del entremés cervantino La Guarda Cuidadosa.

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