nerea, relato de antonio Peñalver

Nerea ( #gente )

Estaba en el meridiano de la treintena. Había algo cansado en su mirada cuando se relajaba, pero enseguida sonreía y el rostro se le iluminaba de nuevo. Era atractiva, sí. Aunque también era cierto que su atractivo escondía mucho esfuerzo, y eso se percibía a menos que te fijaras un poco. Es decir, gimnasio casi diario, dieta incómoda, y unos pequeños retoques, por ejemplo, en su dentadura, demasiado perfecta para nadie de esa edad.
Luego estaban las tetas. Era difícil saber si las había aumentado de talla o no, pero, de lo que no quedaba duda era de que ella era plenamente consciente que eran su principal reclamo. Y no me lo estoy inventando. Porque basta elegir cualquiera de las decenas de posts que lleva meses publicando en sus redes para detectar ese momento bajounpocolacámara como quien no quiere la cosa.
Era argentina, aunque se notaba que intentaba huir de su acento, esto no malo, porque yo mismo lo he hecho a veces cuando me he mudado a otros lugares, y vivía en Barcelona, bueno, antes, ahora publica desde Madrid.
Y además lo hace desde los lugares más in de cada sitio. Por ejemplo, en Barna solía elegir terrazas de l’Eixample o incluso una vez creo recordar que la vi andurrear con la torre Agbar estratégicamente puesta detrás; aunque, ojo, que también se paseaba alguna noche por la parte menos salvaje del Raval. Bueno, y en cuanto a Madrid, qué decir de Madrid, pues eso, que de momento postea enseñando las tetas por Chueca; pero es de entender, pues lleva allí pocas semanas.
También tiene un perrito de raza mundana. Que siempre es un buen recurso narrativo, todos lo sabemos. A veces lo pasea y a veces le riñé por haber hecho una trastada en las habitaciones alquiladas.
Si te entretienes a ver unos cuantos posts seguidos te das cuenta que está huyendo de algo.
Habla de encontrar la paz con el universo, pero lo hace mientras lleva el paso apretado. E incluso a veces insinúa que también es coach; aunque este campo no tiene todavía muy desarrollado; no; se nota que tiene que ir todavía cogiendo un poco más de confianza. Cualquiera que se dedique a este mundo sabe que con un sólo cliente te puedes arreglar el mes. Pero este tema no lo tiene Nerea muy atado todavía.
Ahora bien, eso sí, se le ve muy suelta con el horóscopo. En una ocasión hasta se ofreció a hacer cartas astrales por messenger.
También te digo que las tarifas astrales es fácil de adivinar que están bastante por los suelos. No hace falta ser un lince para saber esto. De hecho, cuando se pone a vaticinar los infortunios y precauciones de los distintos signos zodiacales, en ocasiones no puede evitar que se le escape una risa por la nariz. A cualquiera no se le escapa.
Calculo que estará sobre los treintaicinco. No más. Pero hay algo en su mirada asustada que me habla de alguien que, aún sospechando que le van a ir bien las cosas, es consciente del riesgo que corre estando en un país extraño, rodeada de extraños a los que juega a adivinar el futuro y anima a seguir adelante con sus vidas.
Se llama Nerea, ¿lo he dicho? Y morirá asesinada por un cliente antes de que termine el verano.

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