treintaitontos, obra de teatro de Antonio Peñalver

Treintaitontos ( teatro)

 

Primer Acto:

‘Viaje de Ida’

 

El acto primero estará compuesto de tres subescenas, una en el lado izquierdo, otra en el centro y otra en el lado derecho del escenario (A, B y C), que representarán los tres coches en los que viajan las tres parejas prota­gonistas.

La acción irá alternándose de izquierda a derecha, y cada vez que ocurra algo en alguna de las tres partes, la luz iluminará ésta, en contra posición a las otras dos, que permanecerán a oscuras.

 

(A)

Se enciende la luz de la parte izquierda del escenario y vemos a una pareja sentada en un automóvil, de cara al público; una pareja que aparentan estar de morros, como si hubieran discutido hace un rato, bueno, la verdad es que eso es justo lo que acaban de hacer…


Cuca:Bueno, ¿es que te has propuesto darme el fin de semana, Borja? Dime.

Borja:Cuca, ¿no te tengo dicho que no me des conversación mientras conduzco, cariño, que puedo distraerme?

Cuca:Ay, por favor, ¡no me martirices, eh! ¿Qué es más importante para tí, el futu­ro de nuestro matrimonio o que te saltes un desvío…?

Borja:Cariño, si me descuido y me salgo de la autovía y nos matamos Diosno­quiera, ¿qué?.

Cuca:Pues, oye, tienes razón. Esa sería una buena forma de solucionar nuestro matrimonio. Bueno. . .10 poco que nos queda… -dice sacando un clinex y ponién­doselo en el rabillo del ojo, conteniendo así el rímel y evitando la catástrofe.

Borja:Está bien. -Detiene el coche y después se cruza de brazos fingiendo infan­tilmente que atiende a su acompañante:-. Soy todo oídos, cariño.

Cuca:Ése es precisamente el problema, que sólo eres un par de oídos. Dos oídos, que por uno te entra lo que te digo y por el otro te sale. Y yo no me casé con dos oídos, ¿me entiendes? ¡Yo me casé con una persona entera, una per­sona de carne y hueso que me diera cariño y me hiciera compañía! Alguien que, por lo menos, me escuche cuando hablo. ¡Yo no me casé con dos orejas y un…! -dice mientras le mira disimulada y velozmente la entrepierna del conductor, quien hace un mohín de fastidio:­

Borja:¿Has terminado ya, cariño?


Tras estas palabras él arranca el coche y hace la maniobra para salir de nuevo a la carretera.


Cuca:No, si… Ya verás tú qué fin de semanita, ya… -dice terminándose de encen­der un pitillo nervioso y cruzándose de brazos.


Se apaga la luz del tercio izquierdo del escenario.

 

 


(B)

Se enciende la luz del tercio central y vemos el segundo coche:

Chus:Ya veremos de qué nos sirve el fin de semana dichoso. Ya veremos si no es tirar el dinero o qué.

Ana:-Que conduce- Pues fue idea tuya precisamente…

Chus:¡Si yo no te he dicho ná! Yo sólo he dicho que “ya veremos de qué nos sirve” haber pagao los diez mil duros que nos ha costao la broma.

Ana:Ya estamos.

Chus:¿ ¡Ya!? -dice sorprendido, mirando primero a la carretera y después a un mapa que tiene semidesplegado en la guantera:- Pero si aquí dice que…

Ana:No, si digo que ya estamos, que ya llegó don Optimista con sus píldoras de la alegría. Además, Manu, sí después de todo el tinglado de tener que dejar a los críos con tu madre ylo de las cincuenta mil que nos van a cobrar… Lo que te quiero decir que estaría bueno que después de todo no nos sirviera para nada lo de venir a una clínica de reconciliación matrimonial. Y, como no nos sirva para nada, me estoy viendo el viaje de vuelta que me vas a dar. Como si lo estu­viera viendo…

Chus:Ellos no te pueden asegurar nada fijo. En el artículo ponía que, normal­mente, solían tener éxito en un 50% de los casos que acudían. Y esas cosas nos las pueden decir así como así. Además, aplican una técnica norteamerica­na. Que allí llevan ya muchos años con esto. O sea que…, vamos, que…

Ana:. . .Que funciona, vamos.

Chus:Eso.

Ana:Ya veremos en qué 50% estamos nosotros…

Chus:Por probar tampoco perdíamos nada, ¿no?.

Ana:¿No?

Chus:Bueno, los diez mil duros.

Ana:Y, ¿te parece poco?

Chus:Vale, no empecemos.

Ana:Has empezado tú.

Chus:Bueno. Tú ya sabes lo que te quiero decir.

Ana:…Si tú lo dices…

 

 

(C)

Se enciende la luz del tercer coche, el que está situado a la derecha del escenario, y en él vemos que sus dos ocupantes pertenecen al mismo sexo, al masculino.

Ramón, de unos treintaipocos, con una tendencia a engordar mani­fiesta, pelo rapado al uno que no consigue disimular su alopecia galopante y vestido de riguroso luto.

Fran, el que conduce, podíamos decir que es la antítesis de su com­pañero. Así donde antes decíamos obesidad, aquí podemos decir raquitismo; donde calva, melena rizada y lustrosa; y donde negro, verbena floreada.

Ramón, por su parte, va leyendo atentamente una versión inglesa de Hamlet, de la que de vez en cuando sale para consultar un diccionario bilingüe de bolsillo, después de lo cual suele volver al Hamlet para hacer anotaciones por los márgenes. Al otro lado del coche, al derecho, Eran conduce canturrean­do una melodía (?) bakalaera que proviene de la radio.

Ramón parece encontrar una palabra cuyo significado desconoce y se cuchichea para sí:


Ramón:“Attend…, attend..” -y mira en el diccionario.

Fran:Perdona, ¿me decías algo? -Pero cuando se vuelve y ve que su acompa­ñante está hablando sólo con los libros, su sonrisa se torna pura dentadura inci­siva.

Ramón:-Al diccionario:- “Attend” es atender. “Request” era súplica. Pues eso, “atiende las súplicas de yú”, o sea, “de tío e usted”. Claro. -Se dice así mismo mientras anata la traducción en los márgenes del Hamlet.


Fran observa todas estas acciones por la esquina de su ojo derecho. Y es justo entonces cuando su cara de mosqueo se transforma en un gesto de pura maldad. Acto seguido se inclina hacia la radio y sube considerablemente el volumen. Para terminar esta parte de la escena gritando el estribillo bakalae­ro a grito pelado y sonriéndose aviesamente.

 

(A)

Borja:¿A qué kilómetro había que coger el desvío, cariño?

Cuca se hace la sorda.

Borja:Cuca, cariño, ¿es que te has quedado sorda?


Cuca sigue mirando el paisaje por la ventanilla. Está rozando los cuarenta. Viste como una ejecutiva de las que salen en loa anuncios del Corte Inglés con cara de cabreo. La cara de Guca, aparte de cabreada, está completamente tos­tada por los rayos uva.

Su marido detiene de nuevo el coche, y después se inclina a coger un tríp­tico publicitario de la clínica a la que se dirigen para consultar el kilómetro exac­to en que estaba el desvío.


Borja:Vaya, ya nos hemos pasado dos pueblos largos. Mira, ¿ves?. ¿No se supo­nía que tú debías de estar pendiente de la carretera? -Silencio-. Bien, estupen­do. Ahora, a la señorita le apetece jugar a los silencitos. -Silencio-. ¿Qué quie­res, Cuca, que no te dirija la palabra?. Estupendo. ¿Sabes? Estoy pensando que, lo mismo, lo mismo que doy la vuelta para coger bien el desvío, lo mismo puedo seguir recto y regresar para Madrid. ¿Sabes, cariño?. -Alejandro dice esto desde dentro de su camisa salmón, escudado por su corbata de seda y por los pantalones de un traje gris con mucha caída, cuya parte superior vemos col­gada en una percha en la parte de atrás de la ranchera en la que viajan-. Estoy más que hartito de que me apuntes a todas las… “cosas”, por no decir otra cosa, a las que os apuntáis tú y tus amigas. Porque la otra tarde, consultando los reci­bos del mes, me enteré como por casualidad, que resultaba que era padre adoptivo de un niño somalí. Y, ojo, no estoy diciendo que eso esté mal, no, ni mucho menos, que conste. Lo único que te pido por favor es que la próxima vez me avises. Que cuando anteayer se me presentaron aquellos dos señores en la oficina para que les diera una fecha aproximada de cuándo podían ingresarme para donar un riñón… ¡Ya me dirás tú a mí que me hizo gracia, cariño!. Que fui el pitorreo de todo el bufete. Y hasta Juan Carlos me dijo que no sabía que habla­ba tan en serio cuando decía aquello de que mi mujercita me costaba un riñón… Cuca, cariño, te pediría, por lo que más quisieras, que no volvieras a tomar deci­siones por mí sin contar conmigo. Sólo te pido eso. Porque ahora, no me digas tú a mí…, que ahora me veo involucrado en una sesión de sicoanálisis colectivo sin comerlo ni beberlo. Me haces anular la cena con Sánchez por otra de tus ex­centricidades. Pues, entérate, cariño, que ya va siendo hora de que te vayas dando cuenta de que lo que necesita nuestro matrimonio no son sesiones de sicoanálisis en pareja, sino que tú te busques un hobby como Dios manda y te dejes de tener tanto tiempo libre para pensar en bobadas, cariño. Que a nadie le viene bien pensar tanto… Cariño, ahora en serio, Cuca, ¿volvemos a Madrid, ahora que todavía estamos a tiempo…? Dime. ¿Vamos…?

Cuca:Vete a la mierda, cariño.

Borja arranca de nuevo el coche.

 

(B)

Ana:¡Arrea!

Chus:¿Qué pasa?

Ana:¡Que se me ha pasado decirle a tu madre lo de Oscar! ¡NO vaya a ser que se le ocurra darle el vaso de leche para acostarlo ylo vomite en la cama como lleva toda la semana haciendo!

Chus:Bah, llámala cuando lleguemos, tía. Tampoco creo que sea tan importante. Digo yo. Total, si siempre se mea en la cama, mi madre ya está acostumbrá a lavar las sábanas cada vez que duermen los chiquillos allí…

Ana:Desde luego, hijo, que eres descansao tú también… Si por tí fuera ni les darías de comer. Los tendrías como salvajes. Los soltarías por el campo y, ha la, que comieran bichos y hierbajos. Desde luego, hijo, que tienes una pachorra… Has salido a tu madre clavao. Desde luego tienes a quién parecerte.

Chus:Bueno, bueno, dejemos a las madres tranquilas.

Ana:No, si no hace falta que las dejemos tranquilas, si a la tuya hay que hacerle poco para dejarla tranquila, vamos. Que cada vez que se los dejamos y tiramos a recogerlos, miedo me da. Cuando no se han pelado las rodillas se han reven­tado las narices y se han puesto la camisa perdía de sangre… Que tiene a los chiquillos allí sueltos como si fueran perros. Bueno, miento, a la Daisi y al Sultán ése los trata mejor.

Chus:Déjalos que se desarrollen en plena naturaleza, tía. Por lo menos respiran aire puro. Además, ¿tú no decías que eras naturista…?. Pues eso.

Ana:¿jVes!? Hay veces que me entran ganas de… ¡Tú todo lo ves muy fácil! ¡Te crees que todo está en tus libros! ¡Con tus libros todo lo arreglas, hijo! Pero la vida es mucho más complicada que todas esas… tonterías que tienes tú en la cabeza…

Chus:La vida es como te la quieras tomar.

Ana:Ya, pero es que tú te la tomas que da gusto. Y yo ya estoy harta de tener que estar encima tuyo todo el santo día… -dice con los ojos enlagrimados.

Chus:Vale, nena -le dice él poniéndole la mano en su hombro-. No te pongas a llorar ahora…

Ana:Pero es que es verdad…

Chus:Ya, pero no llores -dice levantando el moquillo.

Ana:No, no… ¡snif! -dice ella haciendo todo lo contrario.

Chus:Además, ¿nos vamos a enfadar ahora por una tontería…? ¿Es que ya no te acuerdas de lo que nos habíamos prometido…? -dice él con algunas lágri­mas en los ojos, todavía sin derramar-. Además, ¿qué pasa?. Que a Oscar le da por vomitar en la cama… ¡y qué!. Mi madre coge y mete las sábanas en la lava­dora y ya está -termina llorando a moco tendido…

Ana:No, nene, es que fíjate que si le da al chiquillo por vomitar estando boca arriba o lo que sea, y está dormidico, se nos puede ahogar en su propio vómito, como le pasó a la Janis Yoplin. Acuérdate.

Chus:-LLorando como un crío al que acaban de regañar:- Ya, ya, tienes razón, tienes razón… Ahora, no te preocupes, que en cuanto que veamos una estación de servicio o un bar o algo, enseguida paramos a llamar a mi madre… Soy un imbécil, qué imbécil que soy…

Ana:-Que ya ha dejado de lloriquear, y que ahora es la que le pone la mano en el hombro a él:- Nene, ahora no te pongas a llorar tú…, ¿eh?.

Chus:Ya, ya… Pero es que… Soy un imbécil. Tienes razón -Esta/la en lágrimas y ella no puede más que ofrecerle un paquete de clínex y estas palabras de con­suelo:

Ana:Hazme el favor, Chus, de no llorar. Que yo también soy una imbécil de de­cirte las cosas que te digo…

Chus:…Y el tono…

Ana:Ya, ya sé que es también el tono que utilizo. Pero es que es mi carácter… Nada, snif, asunto arreglado, no hay más que hablar, ahora, en cuanto que vea­mos una gasolinera o algo, paramos y llamamos a tu madre y asunto arreglado. Vale, ya no hay más que hablar del tema.

Parece que hay paz y los suspiros de Chus se van entrecortando cada vez más espaciadamente. Pero, de repente, esta/la de nuevo a llorar:

Chus:¿Te imaginas que se nos ahogue el chiquillo como la Yanis Yoplin por mi culpa…?

Ana:Ea, ea… -le consuela ella con ternura…

 

(C)

Al encenderse la luz retomamos la escena que antes habíamos visto en la derecha. Es decir, que el chumba-chumba bakalaero suena con el volumen a tope.


Ramón:Querido, -le dice después de bajar personalmente el volumen de la radio-podías meterte el bakalao por donde te quepa. ¿Es que no ves que estoy traba­jando?

Fran:Ya lo veo, ya… Precisamente.

Ramón:¿Ah, sí? Mira qué bien. Entonces, qué quieres, ¿que me dé el batacazo en la primera oportunidad que me surge en mi vida o qué? Ya. Ya sé que es lo que más te gustaría a tí, ¿verdad?. Verme cómo me arrastro por lo más bajo, ¿eh?.

Fran:No, querido, tú lo sabes. Una cosa es que te vuelques en tu trabajo, pero… una cosa que esté bien. Que porque te hayan encargado que dirijas un Hamlet, ¡eso no quiere decir que invoques el espíritu de Shakespeare y le pidas que te poseé! Vamos, ¡digo yo!. ¡que es que te lo sabes de memoria!! ¡¿.QUé más quieres??!!

Ramón:… Leerlo en inglés.

Fran:“Leerlo en inglés” -imitándolo-.

Ramón:Pues sí. La versión original tiene un sabor como que más puro. Como con una musicalidad.., especial. Como que está más vivo, no sé.

Fran:Sí, ya, site entiendo perfectamente. ¡Pero es que eso sería suponiendo que tú supieras inglés! Pero es que, hijo, te estoy oyendo traducir y me están en­trando ganas de parar y tirarme a un puente… ¿Desde cuándo hace que no practicas el inglés, desde el colegio por lo menos?

Ramón:No, ¡que yo hice hasta segundo de BUP!

Fran:Ah, entonces me callo. “Segundo de BUP”, dice el tío, y se queda tan pan­cho. Ná menos, “segundo de BUP”. ¡Y qué cojones tienes tú también!

Ramón:¿Qué?. No todo el mundo puede decir que tiene segundo de BUP. Nene, date cuenta que yo te estoy hablando de cuando…

Fran:-Lo interrumpe:- Sí, claro, de cuando todavía no existía el BUP… Ramón, cariño, no exhibas tu ignorancia, que nos conocemos desde hace muchos años. No me quieras vender ahora la película de que eres un ilustrao…

Ramón:Yo no pretendo venderte ninguna película a tí. ¡Eres tú el único que se monta películas en tu cabeza de chorlito! Estoy harto de tu esquizofrenia mal asumida. Siempre estás atacando bajo. Nunca paras. Y tanto cinismo que te gastas, perdóname que te diga, pero tiene más de resentimiento que de otra cosa. Que me tienes harto. Y que si me conoces, como dices, desde hace tantos años, ¡yo te conozco desde hace los mismos años, ¡o más!! Y bastante pacien­cia he tenido ya contigo… Además, ¡tú qué coño tienes que echarme en cara los estudios que yo tenga o deje de tener!, ¡si no te dieron ni el certificado!

Fran:¡¡Pero yo no voy por ahí dándomelas de director de escena!! “Hamlet tiene muchos vericuetos ocultos…”. Desde que te hicieron la entrevista me da repelús ir contigo por la calle…

Ramón:Vaya, ya era hora de que coincidiéramos en algo…

Fran:Acabáramos. No me vengas ahora de sufrido, que cualquiera que te oiga puede llegar a creérselo y todo. Majo, ¡a ver si ahora voy a ser yo el de las mil subidas y bajadas de SuperEgo al día! ¿No?. Pues sí que estamos buenos…

Ramón:Bueno, bueno, guapa, no te adelantes y le quites el trabajo al sicólogo. Que nuestros buenos dineros nos va a costar pasar el fin de semana en la clíni­ca dichosa.

Fran:No, ¡si encima me lo echarás en cara! Además, querido, a ti ahora no debe­ría preocuparte la pasta para nada… ¿No?. Ahora que te has hecho todo un ar­tista funcionario, lo único que tiene que preocuparte es de tener contento al con­cejal de cultura…

Ramón:Que te jodan.

Fran:Que te jodan a ti, que yo ya voy servido.

Ramón:Ja.

Fran:¿Que significa ése “ja”?

Ramón:Nada, -aguantándose la risa- he tosido. Ja…, ja… -finge toser de mala manera-. ¿Ves? Me he resfriado.

Fran:No, si… -dice moviendo la cabeza con síes amenazantes…

 

 

(A)

Borja:¿¡Que yo estoy pensando siempre en el dinero!?

Cuca:¡¡Sí!! ¡No piensas en otra cosa! ¡Y muchas veces me hago la pregunta de si no sigues conmigo sólo por el dinero de mi familia! Me tienes en un sin vivir, Borja, eh.

Borja:Qué gracia. Déjame que me ría. Cada día te pareces más a tu madre, cari-no.

Cuca:¿Mi madre? ¡No menciones a mi madre! ¿¡Eh!? Si le hubiera hecho caso a tiempo… ¡Mira si me decía ella que eras un buscavidas! “Nena”, me decía, “nena, llévate cuidado con ése bribón, que no te engañe con la planta, quítatelo de la cabeza, que a ése lo único que le gusta de ti es el dinero de papá…”. Mira si me lo decía…

Borja:Já. “El dinero de papá”. Cualquiera que te oiga se creerá que tu padre tiene acciones de la General Motors. Y, que te enteres, papá tiene embargados hasta los calzoncillos que lleva puestos…

Cuca:No seas desagradable, Borja.

Borja:No soy desagradable, querida, soy realista…

Suena el teléfono móvil. Borja lo coge y, mientras reduce la marcha y aparca en el arcén, va suavizando también el tono:

Borja:¿Sí? ¿Diga?. Hombre, Rupérez, buen amigo. Qué alegría me da escuchar su voz. En serio. Espere, que voy a intentar detener el Nissan en el arcén… ¿Sabe? Es que no me gusta conducir hablando, o sea, . . . hablar mientras con­duzco. ¿Qué? Ah, sí, ja, ja, ya sabe usted que soy muy cauto… para todo. Ja, ja, ja. Bueno, . . . para casi todo. Porque cuando toca ser agresivo… -mira entonces de reojo a su copiloto y se ríe de nuevo, pero menos fuerte- . . .Ja, ja, ja. Sí, sí, sí, ¡y que lo diga! Por cierto, hablando de todo un poco, ¿qué tal está su sobrina?, ¿se ha recuperado ya del esguince aquel que se hizo esquiando? Ah, perfecto, me alegro, me alegro. Sí. La cena. Sí. -Mira de reojo a su mujer-. Bueno, sí, es que…, ha surgido un… imprevisto de última hora. No, nada, nada de importancia. Es… mi hijo somalí. ¡No, no, no! Dentro, dentro de mi matrimonio, dentro. No, ya sé que suena algo raro, pero es que Cuca me animó a adoptar a un niño del ter­cer mundo y… Cosas de mujeres, ya sabe. Je, je. -dice mientras recibe una mi­rada envenenada de la Cuca-. Pues nada, es que nos han llamado de la emba­jada y nos han dicho que se ha puesto enfermo y… mi mujer ha insistido en que tenemos que ir a… visitarlo, y eso. No, no. ¡El lunes ya estamos de vuelta en Ma­drid! Sí, sí. Es un vuelo charter. Hacemos escala en Londres y de ahí a Somalia directamente. Ya le digo, es para darle ánimos al pobre niño… Por muy adopta­do y en Somalia que esté, no deja de ser nuestro hijo. Je, je. Bien. Estupendo. Se los daré. Muy amable por su parte. Sí. Sí. Estupendo. . . . Salude a su señora esposa de nuestra parte. Ale. Adiós, adiós… -Cuelga. Y cambia repentinamente de actitud, dirigiéndose a su esposa con el dedo acusador.- ¡Tú dices que yo sólo pienso en el dinero, eh, pero, ¿y cuando te vas con tu hermana de compras y dejas temblando las tarjetas?! ¡¡Mira como de eso no te quieres acordar!!


Arranca y sale del arcén. Mirando antes, cómo no, si vienen coches por su carril.

 

(B)

Ana sube al coche.

Chus:¿Qué?

Ana:Nada, no había teléfono. Ha dicho. He comprado esto por si te apetecía. Creo que son de jamón… -le dice tirándole una bolsa de patatas fritas al regazo-¿No te parece raro?

Chus:Mujer, hace ya muchos años que están…

Ana:¿Quiénes?

Chus:¿Quiénes qué?

Ana:Que están, ¿quiénes?

Chus:¿Cómo que quienes? ¡Las patatas con sabor a jamón! Los nenes a veces las piden. ¿No te habías fijao…?

Ana:¡No!. ¡Si digo que si no te parece raro que no haya teléfono en una gasoli­nera! .. . Qué tonto… Las patatas dice.

Chus:Pero, ¿tú les has dicho que era para una urgencia o qué?

Ana:Tampoco exageres tú… No es que sea para tanto.

Chus:¿No? ¿Es que no ves que esa es la única manera que hay de que te dejen usar el teléfono privado…?

Ana:Nene. No empieces.

Chus:Ni nene ni nena. La vida de nuestro hijo está en juego y tú, no se te ocurre otra cosa que comprar patatas fritas con sabor a jamón… Voy yo.

Ana:-Lo detiene-. Nene, si el hombre acaba de ver que me he metido en el coche y ahora te ve salir a ti, se va a creer que es pitorreo.

Chus:¿Sabes una cosa?

Ana:Dime.

Chus:Es muy posible que, como siempre, tengas razón en lo que dices. Pero, ¿sabes?, yo, como siempre, voy a hacer también lo que me salga de los cojo­nes.

 

Chus sale del coche cerrando la escena con un portazo.

Y nosotros nos habremos filado en que llevaba un jersey de lana cinco tallas más grande de la que correspondería. Y eso que Chus es ya de por sí bastante talludo. El resto de la ropa, los pantalones vaqueros desgastados, las gafas a lo Lennon, la barba y la melena, hablan por sí solos de su dueño.

Ana se ha quedado sentada con un poco de anonadamiento y con su camisa blanca-blanquísima, sus vaqueros, las zapatillas de deporte y su pelo corto y rubio.

Los dos andan por la mitad de la treintena.

 

 

 

(C)

Comienza la escena con un silencio que dura unos instantes. Por no sonar no suena ni la música de la radio. Sólo el motor del coche.

Fran:Ramón…
Ramón:-Que está leyendo el libro, aunque con menos euforia que al principio­
Fran:No, nada.

Vuelven al silencio. Pero no es éste un silencio tenso, sino que se nota, por lo relajados que están, que hace ya muchos kilómetros que no discu­ten.

Fran vuelve a mirar de reojo a su compañero de viaje.


Fran:¿Sabes?

Ramón:¿Sí? -dice sin dejar de anotar algo en su Hamlet en versión original-.

Fran:-Con educación:- ¿Te molesto si te hago una pregunta…?

Ramón:No, no. Espera que termine de anotar esto, que es muy bonito. Fíjate. “¿Qué hay en el mundo / que no sea la guerra y el amor? / Vas a la batalla a caer…”. Bueno, pone “falling defeat”, que es literalmente “derrotado”, ¿sabes?. Pero conviene quitar paja…

Fran:Una idea que se me acaba de ocurrir… ¿Porqué no coges una versión en castellano directamente y te ahorras de tener que estar mirando el diccionario cada dos por tres…?

Ramón:Ya, pero es que así practico. Bueno, espera, déjame que termine un mo­mento… “ Qué hay en el mundo ¿que no sea la guerra y el amor? ¡Vas a la bata­lla a perder.! Y vas al amor a engendrar guerreros”. ¿Qué te parece?. Guapo, ¿no?

Fran:No sé… ¿Puedo decir lo que me parece o tengo que decir algo en especial, o…?

Ramón:No, no, tú di.

Fran:Pues, sinceramente, me suena un poco fascistoide, ¿no?.

Ramón:Es puro Shakespeare, querido.

Fran:Ah, en ese caso…

Ramón:-Después de un instante en silencio:- ¿No ibas a decirme algo antes…?

Fran:No. Una tontería. Nada. Bueno, sí, dame un beso. ¿Te apetece…?

Ramón:Qué tonto.

Se besan con un beso corto y cómplice.

Fran:Mira. ¿Será eso?

Ramón:Sí, claro… ‘Clínica Reencuentro’. Ya estamos.

Fran:Pues nada, ya hemos llegado. Uf.

 

 

 

 

Primer Acto:
‘Presentación’

 

Ahora, cuando se enciende la luz, el escenario representa un único espacio.

La luz procede de unos tubos fluorescentes y nos permite ver unas diez sillas de director que están colocadas en dirección a una pizarra de rotuladores. Es una especie de sala enorme sin apenas decoración. Se supone que hay una ventana en el lateral de la izquierda, por la que entran unos cricrís de grillos. Y una puerta por la derecha por la que están entrando los miembros de las tres parejas que han acudido allí ese fin de semana, guiados por un tipo alto, de aspecto simpático y relajado, que parece ser el sicólogo encargado del grupo:

 

Alfredo:Hola, me llamo Alfredo. Y soy el sicólogo que va a in-ten-tar recoinciliaros, o, por lo menos, os voy a ayudar a comprender las diferencias que podáis tener con vuestra pareja. Os explico un poco cómo va a funcionar esto… Van a ser dos jornadas prácticamente de trabajo. Hoy viernes nos dedicaremos a hacer un poco la presentación, para que nos conozcamos así, un poco todos. Y luego tendré una sesión personal con cada uno de vosotros, en donde intentaré sacar un poco, así por encima, las causas de vuestra crisis. Después bajamos al pue­blo a cenar. Y después vosotros, ya por la noche, leéis el ‘borrador’, por llamarlo de alguna manera, que yo os daré, y lo discutís con vuestra pareja… Creo que eso es todo. Bueno, no, hay algo más. Pero como es una sorpresa, es mejor que lo deje para el final.
Ah, que no se me olvide deciros que sí habéis venido hasta aquí para escuchar sermones reconciliadores, estáis equivocados de pe a pa. Porque de lo que se trata es de que habléis vosotros. Y no sólo para que os escuche yo, no, también puede resultar interesante que os escuchéis vosotros mismos ha­blando de vuestra relación de pareja. Muchos, lo sé por experiencias que han pasado, os vais a sorprender de las cosas que podéis llegar a decir cuando estáis metidos en el tema.
¿Alguna pregunta…? ¿No?. Pues entonces yo ya doy por terminada mi ‘intervención’. Ahora os toca presentaros a vosotros… Ja, ja. ¡Siempre que llega este momento se os pone la misma cara de terror!.
A ver, si te parece bien, podemos empezar por ti -le dice a Borja-. ¿Te importa que te tuté?

Borja:No, no. -Se calla y hay un silencio corto y tenso.

Alfredo:¿Sí…?

Borja:No, no, que no, que no. Que yo no me confieso aquí como si esto fuera un manicomio… Que hable ella, que hable mi mujer, que para eso ha sido idea suya venir aquí… Que hable ella, que hable ella…

Alfredo:Perdona, no quiero que se lo tome como algo personal, pero es que aquí solemos hacer hablar a todos los que vienen. Es la terapia que aplicamos. Y, ojo, que no hay porqué hablar de las intimidades de cada uno. Eso son cosas que se quedan dentro de la pareja. Vamos a ver, ¿cómo te llamas?, ¿se puede saber eso?.

Borja:Borja, Borja.

Alfredo:Bien. Y, ¿te importa contarnos porqué…, qué es lo que sospechas tú que habrá ‘animado’ , valga la expresión, a tu mujer a traerte aquí…?

Cuca:Es que resulta que…

Alfredo:-La interrumpe- No, disculpa. Le estaba preguntando a él. -A Borja:- Te aseguro que lo que se dice aquí no trasciende a ningún sitio. De hecho puedes comprobar que solemos coger a cada pareja de un sitio distinto. Además, que, ten en cuenta que existe el secreto profesional y que aquí nadie va a utilizar nada de lo que digas para hacerte chantaje ni nada parecido. ¿Estamos?. Bien. ¿Qué es lo que tú crees que puede haber ‘animado’ a tu mujer a pedirte que vi­nieras con ella a nuestra clínica?

Borja:Son cosas de ella. -Pequeña pausa-. Dice que soy un cabezón.. Que no le presto atención cuando habla. Dice.

Cuca:Como que es verdaz. En todo el viaje de Madriz hasta aquí, no ha abierto la boca más que para decirme que me callara. ¿Tú te crees que hay derecho…?

Borja:¿Cómo quieres que abra la boca, Cuca, ¡si tienes tú el monopolio!?

Cuca:No, ¡si encima…!. ¡Encima de que le hablo para darle tema!. ¡Encima…! No, si… ¡me llamará pesada encima!

Borja:Cariño, tú no me das a mí nunca tema. Los temas te los quedas tú para tí sola. Tú los sacas y tú los rematas. ¡A ver qué remedio me queda que escuchar-te!

Cuca:¿iEscucharme!? ¿jQue tú a mí me escuchas!? Borja, no hagas que me ría. ¡Já!. ¡Si por lo menos me escucharas como dices…! No me haces ni una pizca de caso siquiera. A ver sino qué pasa con lo de adoptar un niño, que siempre que te lo menciono me das largas…

Borja:-Conteniéndose la risa-. ¿Otro?. Si ya tenemos uno… Claro, que también es verdad que nos pilla un poco lejos…

Cuca:¿Ves? Todo se lo toma igual.

Alfredo:-Que está todo el tiempo tomando apuntes, le pregunta a Cuca:- ¿Tenéis un niño?

Cuca:5…

Borja:-La interrumpe- Sí, en Somalia…

Alfredo:-Un poco sorprendido-. ¿Estudiando?

Borja:Supongo que sí que estudiará. No sé, a lo mejor se ha muerto de hambre o de cólera ya. Vete a saber.

Cuca:Borja, por favor.

Ana:-Ofendida- ¿Tenéis un hijo y no sabéis sí se ha muerto de cólera o de ham­bre…?

Cuca:No, es que es adoptado…

Ana:-Con chanza- Ah, entonces ya lo comprendo…

Cuca:No, no, por favor. Es que es adoptado mediante Un Mundo Sin Calamida­des. Pero nosotros no lo conocemos personalmente. Le mandamos una men­sualidad. Pero a título simbólico. ¿Me entiendes?

Borja:A su hermana también le mandaron otra foto del que decían que era su hijo adoptivo. ¡Y resulta que es el mismo negrito panzudo!

Ramón:Ja, ja… – Y, al darse cuenta de que es el único que se ríe, dice:- Perdón, perdón…

Cuca:-Cabreada- ¡¡No es el mismo!!

Borja:No, será su hermanito gemelo…

Cuca:Tú lo que te pasa es que eres un cínico. ¿Lo sabías? Que los únicos niños que te gustan son los de tus jefes, ¡trepas! ¡Que eres un trepas!. – Y, dicho esto se pone a esnífar, conteniéndose las primeras lágrimas con un clínex; más pre­ocupada de que no se le corra el rímel que de otra cosa.

Alfredo:Vale, yo ya he tomado las notas oportunas… Ahora os toca a… -señala a Ana.­

Ana:…Ana…

Alfredo:Ana, si sois tan amables…

Ana:Sí, cómo no. Lo nuestro es muy distinto… Nosotros tenemos cuatro hijos… -le echa una mirada cómplice a Cuca:-. . . viviendo con nosotros en nuestra casa.

Cuca:-Un poco para sí:- Unos tanto y otros tan poco…

Ana:Pues sí, hija. Pero, qué le vamos a hacer si las cosas han venido como han venido…

Cuca:Ya…

Ana:Pues eso. Nosotros, Chus y yo, llevamos quince años juntos y, bueno, ya se sabe, el roce… termina por quemar una relación…. Y al final, pues eso, tene­mos nuestros más y nuestros menos. Pero, bueno, a lo que iba, que la idea de venir aquí fue primero de él…

Chus:-Que lleva un ojo morado- . No, yo no dije de venir…

Ana:No, ¿me dejas que termine?

Chus:Termina, termina.

Ana:Como iba diciendo él vio un artículo en el periódico que hablaba de voso­tros, de la clínica. Y me lo comentó como haciéndome una gracia y eso. Me dice: “Nena, ¿porqué no vamos nosotros?”. Y yo al principio me reí también. Nada. Fueron pasando los días y yo fui dándole vueltas a la cabeza hasta que me paré a pensar que nuestra relación llevaba ya mucho tiempo que no terminaba de enderezarse… Así que me dije: “Ana, ve allí y ponte a prueba. Y después toma la determinación que tengas que tomar…

Alfredo:¿Una ‘determinación’?

Ana:Sí. La separación.

Alfredo:Bueno, bueno. Para eso siempre hay tiempo, ¿no?. Y tú, -extrañado:­¿…Chus?

Chus:Sí, viene de Jesús…

Alfredo:Ah. Yo es que conocía algunas Chuses, pero no sabía que también era nombre de hombre…

Chus:Pues sí. Vamos, por lo menos a mí me llaman así desde pequeño. Ahora,­ borde- lo de ser muy hombre, muy hombre, tampoco es una cosa que le puedo asegurar yo a usted… -Se vuelve a la pareja gay y se disculpa:- Sin ánimo de ofender…

Fran y Ramón:-Comprensivos- Nada, no te preocupes…

Alfredo:-A Chus- Tampoco pretendía ofenderte yo a ti, hombre. Era sólo un comen­tario que hacía y nada más, hombre, no te ofendas. Bueno, no te cabrees y dime

cómo ves tú tu relación.

Chus:Yo la veo como siempre.

Ana:Eso es lo malo…

Alfredo:-A Ana:- ¿Qué quieres decir con “eso es lo malo”?

Ana:No, que eso es lo que me fastidia. Que él no note, o no quiera notar, que las cosas ya no son igual que al principio…

Alfredo:Y, ¿cómo eran al principio?

Ana:Pues, de otra forma. Por ejemplo, yo tenía quince años y no sabía nada de la vida. El empezó a liarme con sus poesías y…

Alfredo:-A Chus:- ¿Escribes poesía?

Chus:-Vergonzoso:- No, . . . bueno, sí, pero no. Poesía ya no hago. Bueno, pero eso no creo que tenga ná que ver.

Ana:¿No? ¡Que lo dirás tú que no! ¡La poesía no tendrá ya nada que ver, pero el puñetero ‘Plomo’…!

Chus:Bueno, nena, no empecemos…

Alfredo:Perdón, es que hay algo que no… ¿Qué es ‘Plomo’?

Ana:Pues una novela que está escribiendo… Que lleva, mejor dicho, cinco años escribiendo…

Ramón:Debe de ser entretenida… – Yal volverse Chus, le dice con medía sonrisa:-No, lo digo sólo por el título… ‘Plomo’. Es muy sugerente…

Alfredo:Vale, no entremos ahora en discusiones literarias. -A Ana:- Y, ¿cómo es po­sible que una novela pueda afectar a la relación de pareja…?

Ana:Es que no es sólo ya la novela. Es que ha decidido dejar el trabajo que tenía. Que tenía puesto fijo en la biblioteca del pueblo. Para dedicarse en exclu­siva al ‘Plomo’.

Alfredo:-A Chus- ¿Es eso cierto? Decíais que teníais cuatro hijos, ¿no?. Se supo­ne que hay ahí una responsabilidad, ¿no?.

Chus:Sí, si escribo no puedo hacer otra cosa. Que trabaje ahora ella. Yo me he tirado toda mi santa vida ordenando libros y regañando a los críos para que no hablaran en la sala de lectura. Ella gana mucho dinero. ¿No ves que está meti­da en la política? Se puede vivir con su sueldo muy requetebien. Además, yo sólo he pedido la excedencia.

Alfredo:-A Ana:- Entonces no es tan grave.

Ana:Sí que lo es, sí. En estos cinco últimos años, desde que está con la novela, ha engordado veinte kilos. Y, por si fuera poco, siempre lleva el sueño cambiao. Ya no quiere saber nada, ni de sus hijos ni de mí…

Chus:Eso es una excusa que se ha buscao ella y ya está. Yo sólo le dedico ocho horas diarias a la novela. El resto del día lo dedico a…

Ana:…A dormir como un cerdo.

Chus:Ya te vale, tía.

Ana:Ya te vale a tí. ¿Es que es mentira o qué? ¿Es que no duermes doce horas todos los santos días?

Chus:Pues no.

Ana:¿No?

Chus:No. Como mucho diez. Rara es la vez que duermo doce… Además, yo nunca, cuando empezamos a vivir juntos, que ella estaba estudiando y vivíamos sólo de mi sueldo, yo nunca le reprochaba ná.

Ana:Alguna vez, alguna vez…

Chus:Sí, pero no como tú, que me lo estás restregando por la cara a todas horas. Entonces… perdón, ¿qué es lo que estaba diciendo?

Fran:-Con un tono cansino:- Lo de que estabais viviendo los dos de tu sueldo de bibliotecario y que tú nunca le reprochabas nada a ella…

Chus:¿Es que te hace gracia?

Fran:No, qué va. No me puede hacer gracia, porque eso es presisamente lo que me pasa, bueno, me pasaba a mi…

Alfredo:-A Fran:- Disculpa, si no te importa, vamos a terminar primero con ellos y, después entramos con vosotros…

Ramón:-Cabreado, a su compañero:- Sí, guapo, no tengas tanta prisa tú tampoco.

Alfredo:Hablando de prisas… -a Chus:- Cuando termines la novela, ¿tienes pensa­do volver a tu trabajo?

Chus:En principio sí.

Ana:Ja, “cuando acabe la novela”, dice. ¡Cuando acabe la novela ya nos hemos jubilao los dos! Si, al paso que lleva, yo creo que la van a tener que terminar sus hijos cuando él se muera. Lleva cien hojas en cinco años. Va a hoja por mes. A mí me vuelve loca. De tantas veces que me la ha leído me la sé de memoria… Mira, empieza así: ‘La lluvia de setiembre llenó el suelo de charcos de neón…’. -A Chus:- ¿Sigo?

Chus:No, no hace falta que sigas. Además, ya no empieza así…

Ana:¿Veis? ¡Cambia de opinión cada dos por tres!

Chus:Pero cada vez lo voy teniendo más claro.

Ana:la que lo va teniendo más claro cada vez soy yo. Ya verás el lunes, nada más llegar a casa, ya verás qué pronto que llamo a Carlos para que arregle los papeles. Ya verás tú.

Chus:Pues llámalo cuando te dé la gana. Y de paso puedes aprovechar para hacer otra ‘cena de partido’, de esas a las que les has cogido tanta afición últi­mamente…

Alfredo:De acuerdo, de aquí hasta el lunes todavía queda mucho tiempo. Vamos a ver, si queréis empezar vosotros… -le dice a la tercera pareja.

Fran:¿Empiezo yo?

Ramón:Sí, tira, que si no hablas revientas…

Fran:Pues bueno, yo me llamo Eran. Soy diseñador… gráfico. Y nuestro caso es bastante parecido al… anterior. Aunque, ahora que lo pienso, no es igual, no. Hay una pequeña diferencia. Y es que, si bien es verdad que yo llevo mante­niendo a mi pareja -le echa una mirada despectiva a Ramón-, y encima hacién­dole de miñona desde que nos fuimos a vivir juntos. De esto hará cosa de unos siete años y cuatro meses…

Ramón:-Con burla:- . . . Día arriba, día abajo…

Fran:-Elevando la voz con un tilín de resentimiento- Pero hay una diferencia. Una pequeña diferencia. Y es que, aquí el amigo, no ha pegado golpe en toda su pu…, su vida. Además, parece ser que, como se ve que se aburre de estar en casa sin hacer ná, pues eso, ahora le ha dado por alternar más de la cuenta…

Alfredo:-A Ramón:- Y…, ¿cuál es tu nombre?

Ramón:¿Yo? Ramón.

Fran:-Imitándolo- “¿Yo? Ramón”.

Ramón:Eran, hermoso, ¿es que no te das cuenta que estás dando el espectáculo?

Fran:¿¡El espectáculo!? ¡Si yo creía que el experto en el mundo del espectáculo eras tú!

Cuca:Claro, ya decía yo que me sonaba su cara. -A Ramón:- ¿Tú saliste la sema­na pasada entrevistado en ‘El País’, verdad?

Ramón:-Levantando una cela- ¿De qué país…?

Cuca:¡Del periódico!

Ramón:-Haciéndose el tonto:- Ah. Sí. Claro. ‘El País’.

Cuca:Era algo de teatro o así, ¿no?.

Borja:Cariño, se está riendo de ti.

Cuca:-Se avergüenza primero, y después se ofende:- ¡¡Ya me tienes acostum­brada!! ¡No me pilla de susto!

Fran:-A Cuca:- Son todos igual. No te preocupes, guapa. Disfrutan haciéndonos sufrir… Pero tú no te amedrentes. Castígales con el látigo de tu indiferencia. Hazme caso.

Alfredo:Yo creo que, como presentación, ya ha sido más que suficiente. -Se mira el reloj- Os voy a enseñar vuestras habitaciones, y a las nueve en punto os espero abajo en la puerta para ir a un mesón que hay en el pueblo, que ya veréis qué chuletas de cordero que hacen a la lumbre de leña. Uhm, sólo de mencionarlo ya me está entrando apetito… -Mientras va diciendo esto se va acercando al lado derecho del escenario, que es donde se supone que está la puerta, y, una vez allí les pregunta a los demás:- ¿Vamos a ver las habitaciones?


Salen todos, pero Fran se queda al final:


Fran:Te voy a hacer una pregunta, ¿la cena entra en la… tarifa?

Alfredo:-Sonriendo ampliamente:- No.

Fran:Me lo imaginaba -sonriendo.

Alfredo:Si te sirve de consuelo, es económico.

Fran:Era sólo por preguntar.


Y los dos hombres abandonan el segundo acto entre sonrisas.

 

 

 

 

Primer Acto:

‘Primera noche’

 

Este acto se compone también de tres sub-escenas (A, B y C), que, al igual que en el primer acto, se irán alternando de izquierda a derecha. Sólo que lo que en el primer acto eran coches, ahora son camas de matrimonio: Las camas de la Clínica Reencuentro.

 

(A)

Se abre la luz y Cuca está ojeando una hoja en la que hay unas line­as escritas, y encabezadas por un membrete, el de la Clínica Reencuentro. Está sola en la cama. Sola y con la cara embadurnada en una mascarilla verde fosf­arito.

Deja la hoja en la mesita de noche.

Cuca:-Reflexionando en voz alta- “Un problema de comunicación>’. Fíjate tú qué descubrimiento. “Un problema de comunicación en la pareja”. Para eso tampo­co hacía falta darse la paliza de coche… “Un problema de comunicación”. ¡Si fuera sólo eso! ¡Ja!. “Un problema de comunicación”. Pues sí que… -dice mien­tras abre de par en par el Hola para meterse dentro de él.


En esas que entra él, el Borja. Lleva el poco pelo que le queda moja­do y peinado hacia atrás. Pijama cachemir. Se sienta en la cama, se desprende de las zapatillas y se mete en la cama con la hoja que acaba de dejar su mujer sobre la mesita de noche. Una vez metido en la cama, y armado de una gafltas de leer, da un vistazo rápido y no parece convencerle mucho lo que pone allí, porque enseguida la deja en el lugar donde la cogió y coge, en su lugar, un vo­luminoso manual informático. Mientras farfulla para sí:


Borja:“Problemas de comunicación…” “Problemas de comunicación.. .“ Pues sí que… -dice mientras abre de par en par el manual para meterse dentro de él.

 

 

(B)

El escenario parece que se queda a oscuras, pero, en realidad, des­pués de haberse apagado la luz que iluminaba la sub-escena de la izquierda, en donde se supone que debe de estar la cama del centro, hay una pequeña lu­cecita roja.

Chus:-A oscuras- ¿Sabes una cosa?

Ana:Qué cosa.

Chus:Estoy dándole vueltas a ¡o que me dijo el siquiatra…

Ana:Es un sicólogo, no es un siquiatra. Pásamelo… – Y el puntito rojo pasa de un lado de la cama, que no vemos, al otro.

Chus:Bueno, lo mismo da. El caso es que lo que ha dicho puede que tenga razón. El que yo sea hijo único y tú la hermana mayor de tu casa, que en tu casa no había hombres y eso…

Ana:Yo no creo, no creo que eso tenga que ver. Estos son como los de los ho­róscopos. Ya sabes, lo hemos dicho muchas veces, que tienen cuatro claves conductuales muy generalistas y, si te ven que cuelas en alguna de ellas, pues nada, eso, que te la cuelan.

Chus:No sé.

Ana:Pues yo sí sé. Estos no son más que charlatanes con diploma.

Chus:Pásamelo, tía. – Y la lucecita roja vuelve a temblar para retornar al punto donde estaba. Bueno, no, no llega a retornar porque:

Ana:No, espera, que todavía no he podido darle una caladica. – Y la lucecita roja sube su intensidad, para después regresar, ahora sí, al punto donde estaba originalmente-. ¿No te has fijao que el fulano no ha abierto la boca hasta que a nosotros se nos han secao las nuestras de tanto que hemos charrao…

Chus:No digas nosotros. Di mejor tú. Porque al principio no decías ná, pero, cuando has entrao en ambiente, maja, madre mía, ¡no has callao ná!.

Ana:Ay, qué mentiroso.

Chus:¿Mentiroso? ¡Me dirás que es mentira que te has pasado la media hora lar­gando a lo fino! ¡Que te ha faltao poco para contarle lo mío!

Ana:Oye, pues, si te digo la verdad, ha habido un momento que estado tentada de decírselo… -Hay un silencio que rompe ella:- ¿¡Qué!? ¿No hubiera sido bueno que te hubiera dado una solución…?

Chus:¡No te digo! No, mira, una idea. ¡Espérate mejor a contarlo mañana cuando estemos todos reunidos! ¡Claro que sí! ¡Tú eres experta en dejarme en eviden­cia!

Ana:Pues oye, a lo mejor así… A lo mejor así, de la vergüenza que te da, a lo mejor se te empina.

Chus:-Después de un silencio y una calada-… Ya te vale.


Y la lucecita roja se apaga.

 

 

(C)

Se enciende la luz y vemos al Eran y al Ramón encamados en el mar­gen derecho del escenario.

Y mientras que Ramón sigue descifrando las claves ocultas del Ham­let en versión original. Eran, escudado en una mascarilla antienvejecimiento, relee por quinta vez el dictamen provisional que les ha redactado Alfredo.

Ramón:Ja, ja, ja… Qué bueno que es esto. Oye -le da un codazo al otro-, ¿sigues todavía con el huevo atravesado?

Fran:Ejem, ejem… -carraspea con retintín.

Ramón:Bueno, da igual. Te voy a leer esto, que es graciosísimo. Resulta que entra Polonio y saluda, ¿no?. Entonces Shakesp… , perdón, quiero decir, Hamlet, le dice a los otros que, a ése, al Polonio> que acaba de entrar, que todavía le están dando de mamar, y, ja, ja, ja, entonces el Rosencratz, que es un caso, le dice entonces que “felizmente es la segunda vez que viene; porque ellos dicen que un hombre viejo es dos veces un niño o muchacho”. ¡Ja, ja, ja! ¡¿No es ingenio­sísimo?! ¡Ja, ja! ¡No me digas que no tiene chispa’

Fran:Querido, procura no moverte tanto. Que los que duermen al lado se van a imaginar que nos llevamos bien.

Ramón:¡”Un hombre viejo es dos veces un niño o un muchacho”! ¡Ja, ja, ja! Este William Shakespeare es… ¡Cómo es, eh! ¿Te das cuenta la gracia que tiene? Está escrito hace cuatro .. .o cinco siglos y parece que esté escrito ayer mismo, eh. ¡No me dirás que no te ha hecho gracia…! ¿Es que no entiendes lo que quie­re decir lo de que “un hombre viejo es…>’?

Fran:No, no, no, no, no, no, no. ¡No me lo vayas a explicar encima! ¡Lo que me faltaba pal duro! ¡Que encima me fueras explicando cada verso del Hamlet de los collons! Fíjate lo que te digo, ¡estoy del Shakespeare y de todo el teatro in­glés del siglo XVI hasta los mismísimos cojones! ¡Si tú supieras las ganas que tengo de que tengáis éxito y os larguéis a hacer una gira de varios años por Su­damérica! Uy, ¡no te lo puedes ni imaginar! ¡j Madre mía qué ganas que tengo de perderos de vista a ti y al príncipe de Dinamarca!! ¡De verdad!. ¡Te lo juro! ¡ ¡ ¡ ¡Argh!!H. -Y, después de dar este grito en el que descarga toda la mala leche que llevaba dentro, da un suspiro y se vuelve para releer por sexta vez el infor­me del sicólogo matrimonial.


Ramón se queda estupefacto. Y con esta impresión se apagan las luces de la tercera sub-escena, para dar pie a la cuarta sub-escena de este acto, osease…

 

 

(A)

Cuca: -Reflexionando en voz alta a propósito de lo que está le­yendo en el Hola- Tú fíjate ésta fulandanga. “Estoy profundamante enamorada”, dice. Mira como lo que no dice es de qué está enamorada, si del carcamal al que le da los besitos o si de sus cuentas bancarias… -Pasa la hoja ruidosamen­te:- O, sino, ésta otra. Mírala. Que sólo le falta operarse de las planta de los pies…, que parece la novia de Frankestein, la pobrecita. Dice que va a escribir sus memorias… Sí, ¡pues como no se opere el cerebro… ! Bueno, no, calla, que si va a ‘Uníts Steits’ y la operan del cerebro, a lo peor después se deprime cuan­do lea todas las memeces que dice a las revistas. -Pasa otra hoja ruidosamente- ¡Vaya por Dios éste hombre! ¡Pero si todavía está vivo! ¿Cuán­tos años dicen que tiene…?

Borja:Cuca, cariño. ¿No podrías leer en voz bajita? Lo que intento estudiar no es precisamente sencillo de comprender…

Cuca:¿Es que te crees que esto -refiriéndose a la revista- lo es? Mira… -vuelve algunas páginas hacia atrás- ¿Lo ves? ¿Sabes quién es…?

Borja:-Condescendiente- No000, no sé quién eeeeeeesss…

Cuca:¿No se le parece? ¡Pero si es clavado!

Borja:¿A quíeeeen se tiene que pareceeeeer…?

Cuca:Pues es el hijo secreto de Diango. Anda que no se le parece… Dice que le hubiera gustado ser cantante como su padre, para que no quedaran dudas. Pero el pobre muchacho tiene la desgracia de ser sordomudito. Con lo que se le parece…

Borja:Cuca, ¿te puedo hacer una sugerencia?

Cuca:Dime, Borja.

Borja:¿Por qué no leemos cada uno lo suyo en voz baja, bueno, quiero decir en silencio. Y así nadie estorba a nadie. ¿Eh?

Cuca:¿Estás insinuando que yo te estorbo?

Borja:N0000, no es esoooo. Lo que te quiero decir es que…

Cuca:Perdona que te interrumpa yo ahora, cariño. Se me está ocurriendo una idea que me parece genial. A ver qué te parece a tí. ¿Por qué no leemos los dos en voz alta a la vez? Cada uno lo suyo, claro. Y así aprendemos los dos de las dos cosas. De los chismes de los famosos y del programa de ordenador ése que dices tú que es “tan difícil”. ¿Eh?

Borja:¡A mí qué más me da los chismes de los famosos! ¡Ni a ti creo que te intere­sen las claves de las opciones del menú principal del Contability Cu-a-tro pun­to Dos! Vamos, digo yo.

Cuca:-Después de una pequeña pausa, ataca:- ¿Ese programa que estás estu­diando, tiene que ver con los ordenadores nuevos que han traído al bufete de papá?

Borja:S-sí.

Cuca:Pues entonces, perdona que te diga, pero estás equivocado de pe a pa. Porque si estás hablando de los pormenores del bufete y de los negocios de papá, a mí sí que me interesan. Y me interesan muchisísimo. Porque, Borja, cari­ño, la vida da tantas vueltas.., que, ¡quién sabe si dentro de unos años me veo yo dirigiéndolo todo! Je, je. ¿Eh? -Cierra la revista y la deja sonoramente sobre su mesita de noche- Ya me he cansado de leer. Voy a echar una cabezadita. ¿Apagas la luz, cariño? -pregunta sonriéndose maléficamente.

Y Borja apaga la luz, no sin antes dejarnos ver que la cara que se le ha quedado es bastante parecida a la que se le quedó a Ramón al final de la anterior sub-escena.

 

 

(B)

Ana: Voy a encender la luz…

Siguen a oscuras y continúa ahí la lucecita roja, que, de repente, se convierte en un montón de cenizas volantes..

Chus:¡Ten cuidao! ¡Que me quemas!

Se enciende la luz y vemos que Ana está cruzada por encima del Chus, pues la llave de la luz estaba precisamente en el lado donde dormía él. Y, como consecuencia de la pirueta, el porro que en ese momento estaba en la boca de él se convierte en algo peligroso y la pareja tiene que salir de la cama para ponerse a quitar las cenizas de las sábanas.


Chus:¿¡Por qué has encendido la luz, tía!? -le regaña él, con su ojo morado.

Ana:Quería hablar contigo.

Chus:Y, ¿qué es lo que estábamos haciendo…?

Ana:Ya.

Chus:-Intentando encender de nuevo el canuto- Lo has descapullao. Era la últi­ma china, podías haber tenido más cuidao… -Se lo enciende y le da una calada desesperada y después se lo pasa a su pareja, quien le dice:

Ana:¡Que le den por culo al costo! ¡Más te valdría dejar de fumar de vez en cuando! ¡Que ya no me hace ni pizca de gracia verte colocado todo el santo día!

Chus:“Colocado”. Antes no decías eso. Antes decías “fumao”, o “grifao” o lo que sea. Hay que ver lo que te ha cambiado la puta política…

Ana:Pues la “puta política” que tú dices, está costeándote el costo que te fumas. Y le está dando de comer a tus hijos. Y eso es lo que tenía que decirte con la luz encendida, que estoy harta de mantenerte. ¿Me oyes?. Harta. Harta de llegar a casa y ver que no has hecho nada. Harta de que pases de tus hijos como pasas. Harta de que pases de mí. Harta de tener que lavarte los calzoncillos, hacerte la comida y limpiarte la casa como si yo fuera tu madre o tu esclava. ¡Estoy harta! -:termina gritando.

Chus:Bueno, bueno, tampoco creo que haya que ponerse a dar gritos, tía. Bueno, y eso de que no haga nada habría que verlo, porque tengo la novela medio terminada y…

Ana:¡A la mierda con tu novela! ¿Sabes lo que es tu novela? ¿Quieres que te diga lo que es tu novela? ¿Eh?

Chus:-En voz baja y poniendo cara de dar pena:- ¿Una mierda?

Ana:No, una mierda no. Bueno, o sí. ¡Y a mí qué me importa lo que sea! Si es una mierda o una obra maestra, ¡a mí qué me importa! ¡A mí lo que me importa es que llevas tres años que no vives más que para el ‘Plomo’ dichoso! Y la vida, que lo sepas, sigue adelante. Y tus hijos ya se van haciendo mayorcicos para darse cuenta de que cuando no estás colocado estás de resaca, que para tí ya no hay diferencia entre una cosa y la otra. Además yo… -se para en seco.

Chus:Tú, qué.

Ana:Yo… necesito un hombre. No quiero convertirme en la secretaria de un no­velista cuarentón e imp… -se vuelve a para bruscamente.

Chus:Dilo, dilo. Anda, dilo que se enteren todos. Diles que soy un pichafloja. Corre, cuéntales que ya no funciono en la cama, y que por eso tú te has ido ti­rando a media cúpula de la sección provincial del partido. ¡Díselo a todos que se enteren bien enterados! Ve, diles que eres una ninfómana con ideología bien definida. ¿~O es que prefieres que se lo diga yo!? ¡~,Prefieres que les cuente cómo me aficioné al whisky barato durante las noches en que tú estabas “reuni­da” en tus “sesiones extraordinarias”?! ¡ ¡ Me da .. .asco!, asco de tocarte en la cama, sólo de pensar en todos los imbéciles que te habrán llenao de babas el cuello…!

Ana:Eso que estás diciendo es muy fuerte, Chus. Muy fuerte… .Te lo perdono porque vas como vas y… Eso es muy fuerte. Muy fuerte. No te confundas, tío, que no estás hablando de tu novela. Lo que te pasa a tí es que te sobra tiempo libre y piensas más de lo que debieras. Claro, eso es lo que te pasa. Y así que después te montas historias en tu cabeza y te las crees tú sólo. Eso es lo que te pasa, tío. Chus… -dice ella mientras le coge la mano a él y le mira a la cara con­fesándole con los ojos en/a grimados las sospechas de él…

Chus:-Triste:- Tía, vamos a dejarlo… -Le dice justo antes de apagar la luz.

Apaga la luz y ya no se ve ni la pequeña lucecita roja.

 

 

(C)

Se vuelve a iluminar el tercer dormitorio. Y entonces podemos ver cómo Ramón ha dejado de lado al príncipe de Dinamarca para concentrarse en los pequeños placeres que producen las bocanadas de humo de su cigarrillo.

A su vera, Fran simula que duerme.

Ramón:¿Estás dormido, cielo?

Fran:Sí.

Ramón:¿Sí? Pues no te descuides y te vayas a dormir con la mascarilla puesta… que después pones la almohada pringosa. Te voy a pedir un favor, si no te im­porta. ¿Me acercas la hoja esa que ha escrito el sicólogo…?

Fran:Levántate y cógela tú.

Ramón:Venga, machote, que tú lo tienes a mano…

Fran:-Que sigue con los ojos cerrados:- Y tú a un paso, mariconazo.

Ramón:Joer, ¡no te digo!. Aún va a hacer que me levante y todo… -dice mientras se va levantando y, después de rodear la cama por delante, se acerca a la me­sita de noche y coge la susodicha hoja, para enseguida regresar a su lado de la cama, donde la empieza a leer; aunque la deja enseguida para:- Voy a poner­me un whiskicito. ¿Te apetece uno?

Fran le responde con un ronquido tan sonoro como falso.

Ramón:Very gud, very gud… -Dice mientras se levanta a ponerse una copa, para regresar enseguida a la cama a retomar la lectura de/informe que ha hecho uno de los responsables de la Clínica Reencuentro a propósito del estado de su relación de pareja-. Uhm… -Después da un sorbo sonoro y continúa con sus: ­Uhm… Uhm…

En eso que Eran abre los ojos intrigado de tanto “uhm”. Y, disimulada­mente, echa un vistazo a su compañero. Pero enseguida regresa a su falso sueño. Aunque ahora no puede dejar de tener fruncido el ceño.

Ramón:Uhm… Je, je. Uhm… ¡~,Uhm?!


Y al hacer esta última expresión es cuando Eran no puede contenerse más y esta/la definitivamente:

Fran:¿iSe puede saber a qué vienen tantos “uhms”!?

Ramón:-Se vuelve lentamente hacia Eran y, conteniendo la risa, le dice:- ¿Uhm?

Fran:Tú te crees muy gracioso, ¿verdad?. Pues que sepas que no me hace ni pizca de gracia.

Ramón se levanta y se empieza a vestir…

Fran:¿Se puede saber dónde vas a estas horas, si es que puede saberse…?

Ramón:Me voy a dar una vuelta a ver…

Fran:¿iA ver!? ¡j¿,A ver, qué?!! ¡~Pero si son las dos de la mañana y no conoces el pueblo ni nada!!

Ramón:Pues, precisamente, voy a conocerlo. Nunca es tarde si la ‘picha’ es buena. ¿No dicen eso? Además, yo no tengo por qué darte a ti explicaciones. -Coge la botella de whisky y se dirige a la derecha del escenario:- Voy a dar una vuelta y punto.

Fran:¡Por mí como si no vuelves! Mira, ¿sabes lo que te digo?, que ojalá te pilla­ra por el camino una jauría de lobos y te destrozaran a bocados…

Ramón:Pues si fueran lobos lo agradecería, mira tú. ¡Que estoy de ‘lobas’ hasta la… los colones! -dice justo antes de salir y dar un portazo. Portazo que cierra el Acto Tercero.

 

Cuarto Acto:
‘Segunda reunión’

 


Se encienden las luces blancas de los tubos fluorescentes que iluminan todo el escenario y vemos las mismas sillas de director y la misma pizarra que apareció en el Acto Segundo.

Pero cambia un pequeño detalle, y es que ahora es de día, y no sue­nan cri-crís de grillos, sino pío-píos de lindos pajaritos. Además, entra luz por la ventana de la izquierda.

Al comenzar el acto ya están todos los actores sentados (bueno, falta el Ramón), y Alfredo, el sicólogo, está explicándoles algo que acaba de anotar en la pizarra:

 

Alfredo:¿Veis? Esta es la lógica del test que acabáis de hacer… Aunque, la verdad sea dicha, yo no soy muy partidario de los test, pero…

Ana:Pero, la pregunta del perro, por ejemplo, no tiene nada que ver con eso que acabas de explicar…

Alfredo:¿Cuál era la pregunta del perro?

Ana:-Mirando su test, que lo tiene a mano- . .. La… tercera. La que dice que si tu pareja insistiera en tener un perro en casa, que si…

Alfredo:¡Ah, sí! Claro, es que esa es una pregunta con trampa. Siempre se pone al­guna así para despistar. Je, je. Trucos del oficio. O sino sería fácil que interpreta­rais la orientación de las preguntas y falsearais las respuestas… Je, je.

Cuca:Una pregunta.

Alfredo:¿SI?

CucaCuando ponéis aquí que digamos lo que menos nos gusta de nuestra pareja…….

Alfredo:Sí.

Cuca:¿Por qué dejáis sólo una línea…? Yo he seguido por detrás de la hoja. ¿Pasa algo con eso o qué…?

Se ríen todos (menos, evidentemente, Borja).

Alfredo:No, en absoluto. Todo lo contrario. Cuantos más detalles deis, mejor… Bueno, dentro de unos límites, no vayáis a poner lo mismo que una señora que estuvo hace un par de meses o por ahí, y que puso que lo que menos le gusta­ba de su marido era que estuviera vivo… Y entonces el marido saltó y dijo que qué casualidad, que él también había puesto lo mismo… Claro, que estos son casos extremos… Yo comprendo que esta situación es algo violenta. Es cierto, tener que estar aquí, delante de extraños, teniendo que reconocer que vuestra relación de pareja no va tan bien como debería de ir… Es algo… duro. ¿No? Bueno y eso que, lo que no os he dicho todavía es que ahora viene la parte más…, más fuerte. Je, je. Una especie de terapia de choque, silo queréis llamar así. Pero, después os lo explico, que tenéis que estar todos…

Cuca:Una pregunta.

Alfredo:Sí, sí.

Cuca:Es sobre lo que nos hizo ayer. Lo del informe é~…

Alfredo:Sí, precisamente de eso os iba a hablar ahora, je, je…

Cuca:Sí, que quería preguntar una cosa. A mi marido y a mí, nos pusiste que te­níamos un problema de comunicación… Pero, ¿cuál sería la solución o algo?

Alfredo:La solución o algo en estos casos siempre es ¡a misma. Intentar hacer más vida en común. Pero tiene que ser fuera, fuera de casa. Salir juntos a cine a cenar, con otras parejas o solos, da igual. Lo que no hay que hacer es dejarse de perezas, ni de… Ah, eso también, fuera horas extraordinarias -: mira a Borja-. Y, si es posible, intentar cambiar de círculos de amistades, pues muchas veces pasa que simplemente que las relaciones sociales se enquistan y…, eso, que se enquistan. ¿Entendéis lo que os quiero decir, no?


Pero antes de que nadie le pueda contestar, comienza a sonar un pilu-pííu, pllu-pliu, procedente del móvil de Borja. Quien se levanta y, sin dejar de pedir perdón durante todo Ci camino que va desde su silla hasta el rincón en el que se para peta para atender la inoportuna llamada:


Borja:¿Sí? Ah, qué tal… Sí, muy bien, como siempre, fe, je. Sí, estupendo, estu­pendo. Sí, si. Ja, ja, ja. Mire, perdone, que es que ahora existen unos inconvenientes que me impiden hablar con tranquilidad… Estoy en plena reunión y… Le ruego que me disculpe, pero, en cuanto tenga un momento, le llamaré yo a usted… De acuerdo, de acuerdo. Estupendo. Se los daré. Cómo no… Muy agra­decido. Que tenga usted un buen día… -Cuelga (es un decir) y regresa a la silla, para decirle a su mujer que:- Era el señor Andreu, que te da recuerdos… – Y dice esto no sin cierto nerviosismo, pues todos los presentes han asistido en silencio a la escena.

Cuca:¿El señor Andreu? ¿No me dijiste ayer que lo habían ingresado en urgen­cias por un amago de infarto…?

Fran:Uy, uy, uy.

Borla:. . .Ya. Sí. Es que… me llamaba para comunicarme que se encontraba bien. Desde el hospital…

Cuca:-Se queda mirándolo fijamente:- Eres el peor abogado del mundo, queri­do. No sabes mentir. Enseguida que sueltas alguna trola te pones a sudar…

Borja:Cuca…

Cuca:Ni Cuca ni Cuco…

Fran:No, cuco sí.

Cuca:¿Con quién estabas hablando por teléfono…? Desde luego que el domin­go, en cuanto que lleguemos a Madrid, lo primero que vamos a hacer, bueno, que voy a hacer yo, es llamar a papá. Pienso pedirlo que se encargue de mi di­vorcio personalmente. Vas a tener que vértelas con él. Con tu propio jefe. Pre­párate, querido.

Borla:Cuca, cariño, atiende a razones. Yo…

Cuca:-Sin mirarle:- Atiende tú a lo que te voy a decir yo a tí. No pienso volverte a dirigirte la palabra sino está papá delante…

Borja:Por favor, cariño, no des el espectáculo.

Pero su cariño pasa completamente de él. Está anotando cosas en Ci test que se supone que tenían que haber cumplimentado antes…

Alfredo:-Con una sonrisa en los labios:- ¿Qué estás anotando, todavía más cosas…?

Cuca:Sí, unos detalles de lo que menos me gusta de mi ex-marido, que se me había olvidado anotar…

Chus:Le voy a hacer una pregunta.

Alfredo:De tú, por favor.

Chus:Sí, bueno, de todos. Es una pregunta que nos afecta a todos…

Alfredo:No, ya, digo que me hables de tú, que me tutees…

Chus:Ah, perdón, no le había…, no te había entendido. La pregunta era que me había intrigado lo que habías dicho antes de la terapia de choque. Que me ha picao la curiosidad. ¿Qué tipo de terapia es?

Alfredo:Bueno, pues, como casi todo en materia de sicología de la pareja, esto también viene, digamos que hemos importado, de Estados Unidos. Primero vino la entrevista en pareja. Ahora estamos comentando un poco los resultados del dictamen que os di. Que es provisional. Y ahora el test personalizado. Y des­pués viene, para terminar, el intercam… No, mejor, estoy pensando que no lo diga hasta que no estéis todos -dice mirando a Fran-. Porque sino estamos todos no sabemos a ciencia cierta si…

Fran:-Por alusiones:- Mi compañero está con una resaca que muerde. Anoche se le despertó su lado Miguel de la Cuadra Salcedo e indagó los alrededores, botella de JB en mano. Pero, de todas formas, no creo que tarde mucho en bajar.

Alfredo:Y, mientras baja o no baja, ¿te apetece que hablemos del dictamen que os di ayer…?. Aunque antes quiero saber una cosa, ¿quién de los dos ha tenido la iniciativa de venir?

Fran:Fui yo.

Alfredo:Ah.

Fran:¿Por qué?

Alfredo:No, no, por nada. Simple curiosidad. Y del dictamen provisional, qué me dices. ¿Lo compartes o qué?

Fran:Había cosas que acertabas y otras que ni por esas…

Alfredo:Por ejemplo.

Fran:¿Por ejemplo? Pues que yo no soy posesivo. Celoso sí, pero posesivo no. Al menos no en el sentido de egoísta.

Alfredo:Yo tampoco escribí eso exactamente.

Fran:Ya, pero tú ya me entiendes lo que te quiero decir.

Alfredo:Pues, la verdad, no.

Fran:Ya, pero, por ejemplo, en nuestra casa se puede decir que nosotros, el único dinero que entra en la casa fijo es el que yo gano. Y yo nunca se lo echo en cara. Por ejemplo. Eso no creo que sea de ser egoístas, ¿no?.

Alfredo:Bueno, según se mire. Porque el hecho de que lo saques a relucir deja claro que sí que lo tienes en cuenta…

Fran:¿Cómo?

Alfredo:Sí, lo que quiero decir es que, vamos a ver, haya paz. Es evidente, vamos, creo, como sicólogo, que en tu caso en concreto existe un claro ejemplo de lo que podemos llamar posesión de tu pareja. Pues eres tú el que la mantiene. Y este hecho hace que, de una manera o de otra, te sientas un poco como… pro­pietario, por decirlo de algún modo, entendámonos, de tu pareja. Por eso preci­samente te molesta tanto que haya sido él quien te haya sido infiel. Y, a todo esto, habría que unir el que os encontréis en una situación, digamos, novedosa. Pues resulta que ahora el otro miembro de la pareja tiene la oportunidad de in­dependizarse económicamente. Elemento éste que añade cierta inestabilidad a la relación. Lo que hace especialmente grave que tú sospeches que te ha sido infiel…

Fran:¡¡Pero si yo los vi salir del cuarto oscuro!! ¡A mí no me lo contó nadie! ¡Yo estaba allí y los ví salir!

Alfredo:Bien, pero esa no es la cuestión. La cuestión es…, por ejemplo, ¿tú le has sido infiel en estos cuatro años que decíais que llevabais viviendo juntos?

Fran:Cinco. Eran cinco años, para ser exactos. Da igual… El caso es que no. No he tenido relaciones ‘extra-matrimoniales’. – Y puntualiza:- Y no es porque no haya querido, ¿eh?. Que oportunidades he tenido para dar y vender…

Alfredo:Pues si en vez de pasar eso hubiera pasado lo contrario, es decir, que hu­bieras sido tú el que hubieras tenido el desliz, te aseguro que no hubiera trans­cendido más allá de una ligera bronca. Porque tú eres como el cabeza de la familia. Pero, claro, todo esto son hipótesis de trabajo que no llevan a ningún lado. Con lo que hay, dejándose a un lado los supuestos, yo, como sicólogo, puedo establecer, sin miedo a equivocarme, que el vuestro es un caso claro de posesión, por tu parte. Y tú ves peligrar tu estatus dentro de una relación de pa­reja que, a la vez, se encuentra en abierta crisis. Y, te estoy viendo la cara que estás poniendo, no me preguntes por una solución, porque todavía un poco pronto. Tengo que ver otras cosas… – dice señalando la hoja del test que ha re­llenado Fran.

Ana:Todo lo que acabas de decir me parece, en cierto modo, coherente. Lo que no termino de entender es lo que pintan nuestras familias en esto… Porque tú pusiste en nuestro dictamen que… -le pregunta a Chus:- ¿Lo tienes por ahí? -Y Chus se lo da-. Aquí está: ‘(…) Por todo lo anterior podemos recalcar en vuestro caso el hecho de que él sea hijo único de una familia de posición social media, y el que ella, por el contrario, haya crecido como la hija mayor de una familia nu­merosa de condición humilde en la que estaba ausente la figura paterna’. Bla, bla, bla… ‘(…) Así podemos explicar el origen de los roles que cada miembro de la pareja desempeñan en la actualidad..’ Etcétera, etcétera, etcétera… ¿Eso qué quiere decir, que, en el fondo, yo soy una marimacho y él un mariquita…? -Mira a Fran:- Mejorando lo presente…

Fran:No te preocupes. Lo llevo con orgullo.

Alfredo:-A Ana:- Pues, en parte, hay algo de eso, sí.

Ana:-Borde:- ¿En qué parte?

Alfredo:-También borde, aunque con media sonrisita torcida:- Pues, por ejemplo, en el pelo. Él lleva el pelo largo y tú lo llevas corto. Eso, desde luego, no es sig­nificativo ni mucho menos, pero es, digamos, ‘ilustrativo. ¿No? Je, je.

Ana:Pues no. No me convence nada esa idea. -Mosqueada:- Además, que yo sepa, no hemos venido a un congreso de peluquería, sino a…

Es interrumpida por la entrada del que faltaba:

Ramón:Buenos días, ¿se puede?

Fran:-Al verlo entrar, se dice para sí:- Mare megüa, éste todavía va mamao…

Alfredo:Pasa, pasa. Siéntate.

Ramón:-A Eran, queriendo hablar a media voz, pero haciéndolo a voz en grito:­¿Me he perdío algo?

Fran:-Mira a su compañero con las cejas levantadas:- ¿Se supone que debo contestarte?

Ramón:Qué encanto. Ya no me acordaba que estabas de uñas… -Al resto:- Se­guid, seguid… No quiero interrumpiros. Por favor… De qué estabais hablando, ¿de peluquería…?

Alfredo:. . . Más o menos…

Ana:Es… -pero es interrumpida por:

Chus:-La interrumpe adrede, dirigiéndose al sicólogo:- Porqué ahora, que esta­mos todos, porqué no explica cuál es la terapia de choque ésa que habíais im­portado de Estados Unidos…

Alfredo:Ah, sí. La terapia. Je, je. Bueno, ante todo quiero dejar claro que esto no es que nosotros seamos una secta o algo por el estilo, no. Y es que se trata de…

Ramón:-Lo interrumpe:- Yo me sé uno de médicos. – Y, por el tono, y la salida de tono, todos intuyen que todavía fluye una alta dosis de alcohol por su sangre. Así que lo dejan hacer:- Pues esto es que resulta que está uno en el médico y le pregunta: “Doctor, doctor, ¿qué ha dicho, leo… ?“. “Noooo”, le dice el doctor, “cáncer, le he dicho cááááááncerrrrrrrrrrr…~’. Ja, ja, ja… Es cruel, ¿a que sí?. Cruel pero gracioso.

Alfredo:Bueno, ¿por dónde iba?. Me he perdido.

Chus:La terapia.

Alfredo:Ah, sí, la terapia. La terapia. Pues es que resulta que… -habla despa­cio mientras mira de reojo a Ramón, esperando que le interrumpa de un mo­mento a otro-. Que… cada pareja… debe… -y, justo, es interrumpido, pero no por la bocaza de Ramón, sino por el pliu-pliu, pliu-pliu del teléfono de Borja…

Borja:Perdón -se levanta y se va al margen de la sala a hablar.

Ramón:-A Borja- Si son periodistas, no estoy.

Borja:-Al teléfono:- ¿Diga? Sí. ¿lNO te he dicho que te llamaría yo, tía!? -Cuelga bruscamente y regresa a su silla.

Alfredo:Pu-pues la… terapia… es muy sencilla. Bueno, no… sencilla no es… Ya no sé ni lo que digo. Lo que quiero decir… es que…

Suena de nuevo el pliu-pliu, pliu-pliu del móvil.

Todos se ríen.

Todos menos Borja y Cuca.

Borla:-Saca el teléfono del bolsillo y lo desconecta directamente, antes de ha­blar. Y después le dice al sicólogo:- Ya no va a sonar más.

Alfredo:No, si… ¡me da igual! Lo que intentaba deciros es que… la terapia… ¿Puedo…?

Ramón:Sí, sí, dilo, dilo. Después cuento otro chiste de médicos. Me sé un montón. -Y le aclara a Ana:- Me sé más de mil…

Fran:Querido…

Ramón:-Imitándole:- “~,Se supone que debo contestarte…?”

Alfredo:Bueno, bueno, conforme están los ánimos, voy a intentar contarlo lo más deprisa que me sea posible… La terapia de choque consiste básicamente en que durante la última noche que paséis en la clínica, se os propone que cada pareja duerma separada. Separada del otro miembro. Es decir, que, previo sor­teo, los miembros de las parejas se intercambiarán. Para pernoctar.

Silencio general.

Alfredo:Es duro. Lo sabemos. Y no obligamos a nadie a participar. De hecho mu­chas parejas no acceden. Pero, desde luego, es una prueba de fuego. Ojo, que no estamos diciendo que tengáis que hacer nada. Sólo compartir el dormitorio… Sólo dormir. Y, lo que sí que os puedo asegurar, es que funciona. Es una situa­ción tan extrema que, una de dos, o se separa la pareja definitivamente, o se unen de por vida. Desde luego es una prueba de confianza. Para con uno mismo y para con la otra persona. Pero, que quede claro, que es algo completa­mente voluntario. Y, que quede claro también que a nosotros no nos mueve nin­gún interés especial, más que el puramente médico…

Ramón:Por mi parte, estupendo.

Alfredo:Deben de estar de acuerdo los dos miembros de la pareja. Y, evidente­mente, debe de haber un mínimo de dos parejas que se presten…

Fran:Amino…

Ramón:Chico, anímate. A lo mejor encuentras tu verdadero camino… Ja, ja, ja… -Le dice al sicólogo:- ¿Se tiene que decir ahora mismo o qué?

Alfredo:No, no. Hay tiempo. Dejamos tiempo para que os lo penséis. Hasta des­pués de la cena no hacemos el sorteo…

Cuca:Yo no tengo que esperar tanto. Yo acepto participar en la terapia.

Borja:¿iiCuca!!? ¿iQué tipo de broma es esta!?

Cuca:-A Alfredo:- Y, ¿es necesario que accedan necesariamente los dos miem­bros de la pareja?

Alfredo:Bueno, las reglas…

Chus:Yo también me apunto.

Ana:Tío, ¿qué estás diciendo? Me sacas de quicio…

Chus:Es un placer.

Ramón:¡De puta madre! iYa somos tres! ¡Podemos hacer un ‘menage a trois’! Bueno, no, si se apunta el médico, ¡un ‘menage a cuatre’!

Alfredo:No, no, yo no…

Ramón:«Doctor, doctor, que me duelen las <miles’…”. las ‘miles’? ¿No serán las <sienes’?” . «Ay, ¡ya me parecían a mí muchas… !“. Ja, ja, ja… Este también es gra­cioso, ¿eh?.

Fran:-A Chus:- Hoy, comparado con otras veces, está gracioso.

Alfredo:-Se mira el reloj- Bueno, entonces, la hora que es, vamos a tener que ir pensando en bajar al pueblo a comer… Que sepáis que la tarde la tenéis libre, por si queréis hacer alguna excursión por la zona. Yo os puedo recomendar algún paraje que hay por aquí curioso… Pensaos lo del intercambio y después de cenar hacemos el sorteo. ¿Eh?. ¿Vamos a dar un bocado o qué…? Ah, que no se me olvide. Dadme los test. -A Ramón:- Tú no tienes el test hecho, claro.

Ramón:No, es que no me gusta el ‘test’. Prefiero el ‘cafést’. ¡Ja, ja, ja! -Le pega un codazo a Ana:- ¡Este, no me dirás que no es agudo, eh!

Alfredo:-Le tiende un ejemplar del test para que lo rellene:- ¿Lo vas a hacer o…? Ramón: -Se lo arrebata de la mano:- ¡Dámelo, hombre! ¿Es que pretende discrrrrrr­rrim inarrrrrrrme a mí, doctorrrrrrr?

Alfredo:Bueno, cuando termines me lo subes, por favor, a la oficina… Que está al final del pasillo. Después de las habitaciones.

Ramón:-Que está leyendo el test:- Uy, esto es muy, muy, muy difícil, eh. Joeeeeer… Y mientras pasa todo esto, el resto de los presentes ya se han levan­tado y están abandonando la sala en silencio. Consternados por la decisión que deben de tomar a lo largo del día…

Ramón:-Cuando se queda solo, sin dejar de mirar la hoja del test, se pone de pie y, en una actitud melodramática, comienza a farfullar en un inglés tristísimo:­

To bí or not to bí… ¡That is de cuestion!
Güeter tis noblerr in de mmd tu sufffffe.
De slings and arrows offff oautoutrageouaus fortune…

Y, dicho esto, se come el folio con verdadero entusiasmo.

Se apaga la luz y se acaba el Acto Cuarto.

 

 

 

Quinto Acto:

‘Segunda noche’

Este acto, al igual que el Acto Tercero, se dividirá en tres subescenas que representarán las tres camas donde yacerán las tres parejas en plena “terapia de choque”.


Y, al igual que entonces, la cama de la derecha será la denominada ‘A’, la del centro ‘B’, y ‘C’ la de la derecha.

 

(A)

Se abre la luz y vemos que en el primer dormitorio, el situado a la iz­quierda, están Borja y Ana.

Él está leyendo su famoso manual del programa de contabilidad. Y ella lee el semanal de ‘El País’. Aunque se les nota algo tensos, como si no es­tuvieran demasiado concentrados en sus lecturas.


Ana:-Sin levantar la cara del semanal:- Al final nos han liado bien liados.

Borja:-Sin levantar la cara del manual:- Sí. Silencio.

Ana:-Mirándole tímidamente:- Quién iba a decirnos que íbamos a terminar com­partiendo . . . habitación.

Borja:-La mira y le sonríe, aunque con frialdad:- Sí.

Ana:-Cerrando suavemente la revista:- Porque, sinceramente, esto me parece una tontería como una casa.

Borja:Sí -dice señalando la hoja que está leyendo, haciéndole una doblez en una de sus esquinas.

Ana:Un engañabobos… -dice mientras deja la revista, despacio, en la mesita de noche-. No hará falta que te pregunte quién de vuestra pareja tuvo la idea de venir aquí…

Borja:Sólo te diré que, para venir aquí, he tenido que anular una cena de nego­cios. Pero no una cena de negocios cualquiera, no. No te exagero si te digo que podría haber sido la oportunidad de mi vida. Pero, en fin…

Ana:Qué casualidad, yo tenía un congreso… No es que fuera muy importante. Pero era un congreso. Y conforme se están poniendo las cosas…

Borja:¿Trabajas en la universidad?

Ana:No, qué va. La universidad. En la universidad estuve el tiempo justo para sacarme el título y salir corriendo. ¿Porqué has dicho eso…? ¡Ah, por lo de los congresos! No, no. ¿Es que no escuchaste lo que dije en la primera reunión de esas…?

Borja:No, es que… Siempre estoy en mis cosas.

Aná:Yo sí que recuerdo que, no sé si fue tu mujer o tú, que dijo que eras aboga­do, ¿no?

Borja:Sí.Y tú…

Ana:Ah, yo me dedico a la política y esas cosas.

Borja:Vaya. -Dice dejando su manual sobre la mesita de noche que hay en su lado de la cama:- Y estás, ¿con los que se van o con los que vienen?

Ana:Más bien con los que… se están yendo. Pero, ojo, es sólo un repliegue. Es para coger fuerzas, no te creas. Je, je… Después de las vacas flacas vienen las gordas. Y tú, por lo que intuyo.., debes de ser de los que vienen…

Borja:Pues sí. ¿Para qué nos vamos a engañar?. No, pero, no te creas, que yo sólo me limito a votar. La política es otro engañabobos. Igual que esto que tie­nen montado aquí… Pero sólo que está mucho mejor montado.

Ana:¡¿Está mejor montado esto?!

Borja:No, no, la política, digo la política.

Ana:Ah, bueno. Bueno, tampoco te creas. La política tiene sus cosas buenas y sus cosas cutres, como todo. Ahora, precisamente, está saliendo a relucir lo peor. Pero eso son rachas. Aprovecharos vosotros ahora que podéis…

Borja:Ya te digo que yo no estoy metido en nada. Conozco a mucha gente que sí que está en el meollo. Pero yo no tengo ganas de líos, que bastante líos tengo yo ya.

Ana:¡Es que se os ve a la legua! ¡Sois todos calcaos! ¡El que no lleva bigote es porque está calvo hasta la nuca! ¡Ja, ja…!

Borja:Pues de los tuyos no hablemos… Esas gafitas tan vuestras… ¡Y la barba! Que no se nos olvide la barba tampoco, que…

Ana:Eso era antes.

Borja:No te creas. Tú fíjate cuando veas a un montón de los tuyos juntos, que a todos se les ve un aire de…, corno de ex-ministros…

Ana:-Riéndose con malicia:- Ese es muy agudo. ¿Es tuyo o lo has escuchado en el club de golf?

Borja:No, es mío. ¿Lo del club de golf es una indirecta?

Ana:Más o menos.

Borja:Pues te informo que no me gusta nada jugar a golf. Prefiero el squash.

Ana:-Después de un momento de perplejidad, replica con una risa tonta:- Qué interesante. Ja, ja, ja…

Borja:Ja, ja, ja… -se ríe él dejándose llevar.

 

 

 

(B)

Están encamados Chus y Ramón. El primero (con el ojo morado) está despierto, pues no puede dormir por los ronquidos que da el segundo.

Suena un despertador. Y, en un santiamén, Ramón salta de su cama y apaga el despertador refunfuñando; después, todavía con los ojos cerrados, se abraza a Chus y le susurra algo parecido a esto:

 

Ramón:Tigre mío… Ven… Dame tus zarpazos…

Chus:Eh, eh, tío.

Ramón:-Se despierta de golpe y exclama:- ¿¡Quién coño eres tú!?

Chus:¿Yo? Chus.

Ramón:Chus, ¡~, y qué estás haciendo tú aquí, metido en la cama conmigo?!

Chus:Pues, ¡yo qué sé!. ¡Nos ha tocao dormir juntos en el sorteo!

Ramón:-Duda, extrañado:- Qué sorteo…

Chus:El de la terapia, la terapia de choque.

Ramón¿jQué terapia…!? Pero, bueno, ¿dónde coño estoy? ¡¿En un manicomio?!

Chus:Algo por el estilo. Es una clínica de reconciliación de parejas que están en crisis… Se llama Clínica Reconciliación.

Ramón:-Más tranquilo, tocándose las sienes:- Ah, sí, la puta clínica. Qué dolor de cabeza. Dios, qué resacazo. ..-dice mientras busca la botella de whisky, que tiene al lado de la cama-. ¿Qué hora es?

Chus:Pues, -se asoma al despertador que tiene al lado Ramón- . . . las tres y media.

Ramón:-Sinceramente:- ¿De qué día…?

Chus:Del . . .sábado.

Ramón:Joder. -Da un trago a la botella:- Esto es divino -le dice al otro señalando la botella-. Es la mejor forma de quitarse la resaca. Lo digo en serio. ¿Quieres un trago?

Chus:No. Gracias. No bebo.

Ramón:Ale, pues a más tocamos -y le da otro trago.

Chus:Bueno, beber sí bebo. Pero estoy intentando dejármelo…

.Ramón: Ah -dice, sin entusiasmo-. Haces bien. Yo no podría. Es la única manera que tengo de quitarme la resaca. Le doy dos lingotazos y como nuevo. Te lo juro.

Chus:Yo ahí soy más clásico. Prefiero las aspirinas.

Ramón:Ya, pero… no mezclan bien con el whisky.

Chus:Eso sí.

Ramón:Y, ¿con quién le ha tocado dormir al Fran? -se sonríe.

Chus:¿El que estaba contigo?

Ramón:Sí, ése.

ChusCon una que… con la pija. La tonta neurótica ésa de Madrí.

Ramón Ya, ya, ya me acuerdo. …Pues se van a llevar de maravilla. Y, tu pareja…

Chus:¿Mi pareja?

Ramón:Sí, la rubia. ¿Con quién le ha tocado…?

Chus:¿Me das un trago?

Ramón:Claro.

Chus se amorra a la botella y no ve el momento de despegarse de ella.

Ramón: Vale, colegüita. ¡NO hace falta que te la bebas toda tampoco!

Chus:Es que… no estoy acostumbrado a beber en la botella…

Ramón:¡Pues menos mal! Deja que le dé yo un viaje a ver…

Chus:Me ha sentao de puta madre. Todavía tengo la cena en la boca del estóma­go. La fabada ésa que nos han puesto…

Ramón:¿Otra vez han puesto fabada? Menos mal, hijo, que no he cenado. -Se toca la barriga:- Y después digo que si me sacan gordo en las entrevistas… -Le da otro trago.

Chus:¿Es verdad que te dedicas al teatro?

Ramón:¿Tanto te extraña?

Chus:No, lo digo porque es curioso. El teatro parece una cosa tan . . .muerta. -Le coge la botella y le da otro trago.

Ramón:-Burlesco- Gracias, hombre.

Chus:No, lo que quiero decir es que es algo como amarillento. ¿No? -Otro trago.

Ramón:Si tú lo dices… -Recupera la botella.

Chus:¿Qué obra vas a montar tú? Por ejemplo.

Ramón:Por ejemplo, ~Hamlet’.

Chus:¿ ¡Shakespeare!?

Ramón:¿~No sabías que era de Shakespeare…!?

Chus:¡Coño, qué le habéis visto al dichoso Shakespeare de los cojones! Os ha dao fuerte a todos con el Shakespeare… ¡Como si no hubiera autores contem­poráneos!

Ramón:Bueno, bueno, no compares… Shakespeare es Shakespeare. Es inmortal. Un clásico y un contemporáneo al mismo tiempo. Es… inmortal…

Chus:Si yo no digo que sea malo ni ná. Yo lo que digo es que, coño; habrá gente buena también hoy, ¿no?. Porque, tú piensa una cosa, píensa por un momento que Shakespeare viviera hoy’ día. ¿Te das ‘cuenta?. ¡LO tendríais muerto de hambre!

Ramón:Hombre, no se…

Chus:-Lo interrumpe, visiblemente ‘alterado:- ¡ ¡ Pues yo si que lo sé!! ¡ ¡Sé que eso es lo que le pasaría a Shakespeare!! ¡!Que estaría muerto de hambre!!

Ramón:Bueeeno, bueeeeeen’o, tampoco hace falta que te pongas así, hombre: -Se sonríe y da otro trago-.. Te afecta el escocés, ¿eh?

Chus:-Más tranquilo- No es el whisky, joer, ¡es que’ es verdá lo que digo.:.! –Dice justo antes de dar el último trago de esta sub-escena.

 

(C)

Se abre la luz que ilumina el dormitorio de la derecha y aparecen los que quedaban por aparecer.. El Eran y la Cuca.

Cada uno con su mascarilla de crema antiarrugas. La una verde y el otro rosita claro.

Leen cada uno su libro, que coincide casualmente que son el mismo: dos voluminosos ejemplares del último best-seller.

La escena dura’ unos diez segundos y, durante’ este tiempo; ‘se ve a los das actores que están muy tensos. No cruzan una palabra. Fuman y leen. Así’ que cuando a uno de ellos (da lo mismo el que sea ) pasa una página, el otro se asusta. Pero después nada.

 

(A)

Retomamos la acción del primer dormitorio. Y escuchamos, antes in­cluso de encenderse las luces, las risas de sus dos ocupantes.

Ana:¿… Esesoverdad? ¡Ja, ja, ja!

Borja:¡Como lo oyes! Ja, ja, ¡puso cara de idiota y lo dijo!

Ana:Ay, qué tío… Yo es que lo veía en la tele, pero no creía que fuera tan imbé­cil el pobre…

Borja:Pues, yo no sé si será imbécil o qué. Lo que sí sé es que dijo, delante de mí, lo que te acabo de contar…

Ana:Cuando lo cuente no se lo van a creer. Es que es…


Pero tienen que dejar de pasárselo tan bien, porque suena de nuevo el dichoso pliu-pliu, pliu-pliu del móvil que el abogado lleva siempre en ristre:


Borja:-Antes de conectarlo:- ¿Quién llamará a estas horas? -Lo conecta:­¿Quién es? Ah. -Mira de reojo a Ana, y sigue hablando por el auricular:- Cariño, ¿tú sabes la que he tenido que montar por llamarme esta mañana dos veces se­guidas…? ¿Es que no te das cuentas que me has puesto en evidencia delante de mi mujer? . . .Sí. Sí. Pero ahora tampoco me puedo poner a hablar.. No…, por­que no es momento y punto. No te pongas tan pesada, maja. Bueno, el lunes, en cuanto que llegue a Madriz te llamo. Venga, venga, no me montes escenitas. Que te lleve alguien a la Moraleja y te acuestas enseguida… Venga. Hazme caso. Ya te llamaré. Descuida. -Cuelga y deja el móvil en la mesita, que era de dónde lo había cogido.

Ana:Qué, ¿la querida?

Borja:Con la de mujeres que hay en Madriz y yo voy a dar con las dos más hipo­condríacas…

Ana:Qué, ¿qué te decía ésta…?

Borja:Nada, que decía que iba a comprar dos gramos de cocaína y que se iba a provocar una sobredosis…

Ana:Qué fuerte, ¿no?

Borja:Bah, si le tuviera que hacer caso ya la habríamos enterrado más de mil veces… Pero se les va la fuerza por la boca. A mi mujer la pasa lo mismo. Pero a ésta la da por los tranquilizantes. Siempre está con los Valium y con la taza de café en la mano… Son tal para cual. ¿No ves que son primas…?

Ana:¡Primas! ¡Ja, ja, ja! Eres un caso. Un cabroncete hecho y derecho, tío.

Borja:No creo que sea para tanto. Además, no creo que esta situación dure mucho más. Estoy harto de jugar a dos bandas. Todo tiene un límite. ¿Sabes?, sino es una es la otra, pero entre las dos primas me tienen el teléfono y la agen­da ocupados a rebosar. Una cosa que esté bien. Pero tampoco hay que apresuarse. Hay mucho en juego. Si me divorcio de mi mujer pierdo el puesto en la empresa de su padre. Y todavía no tengo nada visto. ¿Entiendes?. En el fondo el amor es un negocio como otro cualquiera. Que tiene sus reglas, por supuesto, pero que, como dice un refrán: ‘Hecha la ley, hecha la trampa’.

Ana:Ja, ja. Así que tu problema resulta que al final es un problema de pluriem­pleo…

Borja:Más o menos. Sí.

Ana:Y el tío lo dice y se queda tan tranquilo… ¡Ja, ja, ja! Me caes bien. ¿¡Sabes por qué me caes bien!?

Borja:Ja, ja, ja… No. ¿Porqué…?

Ana:Porque eres un cabrón íntegro, pero no te esfuerzas en disimularlo. Ja, ja, ja. Eso me gusta. Si yo fuera un tío sería como tu…

Borja:A mí también me gustas tú…. Bastante.


Y entonces es cuando dejan de reírse.

Se quedan mirándose de cerca con cara de bobos.

Y permanecen así, quietos, mirándose fijamente durante unos instan­tes. Pero la luz se apaga y ya no podemos saber lo que pasa.

 

(B)

Se vuelven a escuchar carcajadas antes de que se enciendan las luces, pero esta vez proceden de la habitación del centro. Y las carcajadas etíli­cas proceden de los dos hombres que la ocupan:


Ramón:¡Jo, jo, jo! ¡Claro, colega, yo estaba en los camerinos todo ajetreado con las ropas y todo! Y, de repente, “Ja, ja, ja”, todo el instituto, escucho que se están meando de risa. Y yo, “joer, pues sí que les ha gustado mi obra a estos…”. Total, que salgo para ver cuál es el chiste que les había hecho tanta gracia y, ¿qué te imaginas que puede haber sido?.

Chus:-Visiblemente borracho y divertido:- Yo qué coño sé…

Ramón:¡Pues que una de las chavalas que hacían de actrices había metido la pata!

Chus:¡jPues sí que era burra la tía!! ¡Ja, ja, ja!

Ramón:No, no, ¡¡había metido la pata!! ¡La pata! ¡La pata de andar! ¡La había metío en el suelo! ¡Ja, ja, ja! Se conoce que dio un salto y el suelo, como era de esos malos, de contrachapado de esos…, ¡pues que la pobre metió la pierna hasta la rabanilla!

Chus:¡¡Cómo me hubiera gustao estar allí pa partirme la polla!!

Ramón:Ya te digo. ¡Todo el instituto entero riéndose de ella! ¡Y hasta los actores, que estaban allí con ella, hasta los actores se estaban descojonando de ella y pasaban de ayudarla a salir del agujero! ¡Ja, ja, ja! ¡La pobrecita al principio se reía, pero después se puso a llorar como una Magdalena! uY la gente entonces, “ja, ja, ja!”, todavía se rió más fuerte!!

Chus:¡Ja, ja! Pues entonces, no te puedes quejar, que hiciste que la gente se riera. Que es lo que cuenta, ¿no?

Ramón:No, tío, yo ahí no tuve nada que ver. ¡Fue sólo la mala pata de la chavalita! Ja, ja, ja…

Chus:Ay, la pobre, qué apuro. ¡Ja, ja, ja!

Ramón:Estuvo una semana sin aparecer por el instituto. Y, ¿a que no aciertas cómo se llamaba la tía…?

Chus:-Reteniendo la carcajada:- No.

Ramón:¿No?. Di algo…

Chus:. . . No sé. . . . No sé. ¿Cómo se llamaba? -conteniendo la carcajada.

Ramón:¡Hijo Pati!

Los dos:¡Jo, jo, jo, jo, jo…!

 

 

(C)

Comienza la subescena de la misma manera que había terminado la anterior vez que nos habíamos asomado al dormitorio de la derecha.

Fumando y leyendo.

Y ahora vuelve a pasar una hoja del libro uno de ellos (el que no lo había hecho antes), y el otro, consecuentemente, se asusta. Pues siguen ner­viosos.

Y a los pocos instantes de haber empezado a verlos, dejamos de ha­cerlo, y no cruzan palabra. Sólo fuman y leen.

 

(A)

La pareja que antes se habían quedado mirándose fijamente de cerca y poniendo cara de bobos, ahora están follando.

Ana está arriba.

Gimen, pero no muy fuerte, pues el riesgo de que los oigan desde las habitaciones contiguas es alto.

(B)

Pero pueden tener cuidado, que los ocupantes de la habitación contigua, el Chus y el Ramón, no escuchan sus gemidos.

Pero tampoco se ríen como lo estaban haciendo antes. Parece que ahora son presa de la depresión post-euforia alcohólica:

Chus:…Pues, sí que es una putada.

Ramón:Sí, pero, ya ves. La vida sigue…

Chus:Sí, pero hay veces que dices…

Ramón:Ya, pero…

Chus:No, si…

Ramón:-Muy triste- A veces pienso que ojalá que existiera la máquina del tiempo, para saltar hacia atrás y arreglar, desde el principio, las cosas que has hecho mal, y que no pasen. ¿Me entiendes lo que te quiero decir…?

Chus:-Severo- No, es que eso no puede ser, tío.

Ramón:¿No? Y… ¡Pero si yo he oído por ahí que el… un premio nobel de física y química de esos, que ha dicho que sí, que se está empezando a verse un poco los principios de la máquina para viajar por el tiempo…

Chus:No, tío. Tú piensa. Piensa en una cosa nada más. Si, por casualidad, tú hazte a la idea que, por poner un ejemplo, ¿eh?, que dentro de cincuenta o de cien, o de mil años, o los que sean. No sé, ponte que inventan la máquina ésa. ¿ Estás?

Ramón:Sí. ¿Y qué?

Chus:¡Pues que no! ¡~,No ves que si algún día se llegara a inventar la máquina del tiempo esto ya estaría lleno de gente, que había vuelto para atrás a arreglar sus cosas o algo…?! ¿No te quieres dar cuenta?

Ramón:Oye, pues sí. Ahora que lo dices.

Chus:Si es que yo, colega, aunque tengo cara de, así, de tonto, después no soy tan gilipollas como aparento.

Ramón:Ya, ya…

Chus:¿Qué quieres decir, que tengo cara de gilipollas o qué?

Ramón:No, no, tío, digo que “ya, ya…”, que si ya existiera la máquina del tiempo ésa que estamos diciendo, nada, que esto sería un lío. Qué vendrías, por ejem­plo, tú, de viejo, que te acaban, en el futuro, de dejar un novio, eh, pues enton­ces vuelves para atrás, al momento en el que estabas a punto de ligar con ése novio, y te tratabas de convencer de que no Jo hicieras, que ése tío es un gilipo­llas que tal día de tal año te iba a dejar tirao como un perro de la calle.

Chus:Qué cosas.

Ramón:Ya ves. Pero, estoy pensando yo. ¿Y si después resulta que, te hace caso, eh, tú joven te haces caso de tú viejo, eh, y, y si después resulta que, por no me­terte en una te metes en otra peor…?

Chus:Hay una película de eso, ¿no?

Ramón:Qué película ni qué ocho cuartos. ¡Esto sería mucho más complicado! Tú fíjate, nada más en la cantidad de tús que se podrían juntar en un momento dado de tu vida. Claro, que han ido para allí para ver de discutir contigo mismo que hagas esto o lo otro de más allá…

Chus:Joer, qué guapo. Es una buena idea pa un libro. Te liarías a hostias contigo mismo y tó…

Ramón:¿A hostias…? ¡ Habría guerras y todo! ¡Un ejército de tús contra otro ejército de tús! ¿¡Qué te parece!?

Chus:De puta madre, tío. ¿Me das permiso para que coja la idea y escriba un libro con la idea.

Ramón:No.

Chus:¿No?

Ramón:No. Voy a animarme yo a ver si escribo yo un cuento yo… Algo cortito, ya sabes. Tengo amigos en La Vanguardia. Luis y el Jordi… Ya hablaré yo con ellos a ver si me lo publican en el dominical o algo. Ya veremos. Primero, claro, hay que escribirlo. Y luego ya veremos a ver qué pasa, qué pasa…

Chus:Y, ¿por qué no me dejas que escriba yo la novela, colega, si la idea ha sido, un poco, como de los dos, no?

Ramón:No, querido, no te confundas. Además, lo hago por ti. Para salvar tu matri­monio. ¿Es que no ves que con que termines el ‘Plomo’ ése que estás escri­biendo, que ya es poner en peligro tu matrimonio, que tu mujer no va a tener tanta paciencia ni nada?

Chus:¿Por qué no te vas a tomar por el culo…? Bueno, no, que decirte eso a ti es hacerte un cumplido… ¡Que te jodan!

Ramón:Gracias -dice mientras intenta poner una cara como de reírse sin ganas, pero que le sale una extraña mueca indescriptible.

Chus:Además, mira, me se acaba de ocurrir que la idea ésa tuya, que tiene un fallo, tiene…

Ramón:¿Sí? No. ¿Sí…?

Chus:Ahhhhmigo, te gustaría saberlo, ¿eh?

Ramón:No tiene tallossss… -dice entornando los ojossss…

Chus:Sí, porque tú piensa un momento que, catapúm, hay una guerra de tús y, catapúm, se muere el tú más joven, eh. Pues eso… ¿Entonces qué…? ¡Eh?

También se tambalea del sueño y de la borrachera.

Ramón:-A duras penas:- Sí, sí, sí… Se acabaría el cuento entoncessss… Chus: -Cayéndose a un lado lentamente, con los ojos cerrados y la boca abierta:­Ahhhhhhmigooooo…

Ramón:-Mira al otro dando cabezazos pesados y exclama torpemente:- Qué cabrrrrróóóóoooooonnnn… – Y cae encima del otro yaciente. Para terminar la sub-escena roncando a dos bandas…

 

 

(C)

Se enciende la luz del dormitorio de la derecha y comprobamos que Cuca y Fran siguen despiertos. Despiertos y leyendo y fumando.

Pero justamente en este momento la Cuca termina de leer su libro, lo cierra escandalosamente, se lo apoya en el pecho y da un suspiro, para des­pués dejarlo sobre la mesita de noche.

Fran, de reojo, estudia los movimientos de su compañera accidental de cama:


Fran:Perdona que te haga una pregunta.

Cuca:-Que se asusta un poco de escuchar la voz:- Ay, perdona, qué susto. Ya no me acordaba que estabas ahí. Dime.

Fran:¿Ya lo has terminado? -dubitativo.

Cuca:Sí -con aplomo.

Fran:Pero si, no hace ni media hora, ibas por el capítulo segundo…

Cuca:Ah, ya. Es que yo me canso enseguida… Y, en cuanto que se pone un poco pesado, salto hasta el final y me quedo tranquila. Así, si alguien me pregunta qué me ha parecido el libro, yo le digo que el final es un poco flojo. Y quedas bien. ¿No?. ¿Tú por dónde vas?

Fran:-Asombrado:- ¿Yo? Por la… por el capítulo… -lo mira:-.., diez.

Cuca:Ya, yo es que ahí no he llegado… Pero, ¿qué le está pasando a la protago­nista ahí?

Fran:. .. Le acaban de decir que se ha quedado embarazada de su tío, el que se suicidó después de violarla… Ya sabes.

Cuca:Ah, ¿la viola el tío?, ¿el que vivía con la familia?. Pero si parecía una estup­enda persona, ¿no?

Fran:Ya, pero, las apariencias, ya se sabe lo que son.

Cuca:Ya, ya, ya. Bueno, pues que sepas que ella también se muere, ¿eh?

Fran:Ala, -:exclama mientras cierra el libro con rabia. Después, con soma, le pregunta:- Gracias por ahorrarme el esfuerzo. Y, ¿qué le pasa al novio que tiene?, ya puestos…

Cuca:Al novio, ¿qué novio?. 4Ése que estaba tan bueno….?

Fran:Sí, el Roberto.

Cuca:Ah, pues eso, que resultó que al final, que era… -se detiene y se ruboriza.

Fran:¿Gay?

Cuca:Sí, un poco. Iba con ella por guardar las apariencias.

Fran:Ale, pues ya no lo leo -dice mientras deja su libro en la mesita-. De todas maneras tampoco me estaba haciendo mucha gracia…

Cuca:¿No?. ¡Pues a mí me encanta este escritor! Me leído todo lo suyo.

Fran:No me extraña…

Cuca:A mí es que, de siempre, me ha gustado mucho leer. Lo que me pasa es que soy muy nerviosa. Me comen los nervios.

Fran:Pues yo no te digo ná. Mira cómo tengo las uñas. Un desastre.

Cuca:Uy -exclama sinceramente al verle las uñas-. Pues para eso hay una cosa muy buena, ¿sabes?. Te pasas medio limón y así, cuando tires a mordértelas, lo saboreas y ya no te las muerdes. Que se te puede fácilmente infectar un padras­tro.

Fran:Oye, pues, mira, nunca está de más saberlo. En cuanto que llegue a casa voy a probarlo a ver si me va.

Cuca:Claro.

Fran:Venga, lo voy a probar en cuantito que llegue a casa.

Cuca:Venga.


Hay un extraño silencio, motivado por la ausencia de temas de con­versación.


Cuca:Y cebolla.

Fran:¿Cebolla?

Cuca:Sí, también se me está ocurriendo que puedes restregarte media cebollita y así, por las uñas…

Fran: Ah. Oye. Y, perdona que me meta, pero hay una cosa que me intriga. No si es mucho meterme donde no me llaman…¡

Cuca:Dime, dime. No te preocupes.

Fran: Es que, te he oído esta mañana discutir con tu marido y… Me preguntó qué pintas ahí aguantando a semejante chulo. No sé si esto que te estoy dicendo es muy fuerte. Pero yo te digo lo que me ha parecido. Que tu marido es un imbécil que te la está pegando…

Cuca: Ya. -Se pone triste.

Fran: Lo sabes, ¿no?

Cuca: Ya. -Más triste.

Fran: Y, tía, ¿porqué no haces nada? ¿Porqué no lo mandas a la mierda y te bus­cas otro, bonita? Que tú todavía estás potente…

Cuca: Ya. Es que… lo quiero. ¿Sabes? -Sonríe, pero con los ojos enlagrimados-.
Sí, sé que soy una tonta. Todo el mundo me lo dice. Pero, qué quieres que te
diga. Prefiero seguir siendo una tonta y estar con él. Sin él… Sin él no sabría
qué hacer… -Se encoge de hombros y después sonríe tristemente.

Fran: Pero tú también te tienes que hacer valer, mujer. Porque tampoco te puede
humillar así, delante de la gente…

Cuca: Ya, pero es su carácter. Después no es nadie. ¿Sabes?. Se le va la fuerza
por la boca. Después no es nadie…

Fran: Tú verás, hija. Eso ya, cada uno… Todos los tíos son iguales, bonita. Como decía mi tata: “Los hombres, hervirlos, y el caldo estamparlo contra la pared”.

Cuca:

Fran: De todas maneras, estoy pensando, que tampoco te vendrían mal que hicie­ras algunos ejercicios de autoestima. Aunque ya sé que la depresión está de moda, que adelgaza mucho y todo eso. Pero… te veo tan baja de moral que…

Cuca: A mí es que todo eso de autoestima y todas esas cosas, ay, no sé, me sue­nan como a sectas.
Fran: No, ¡qué va!. Mira, si quieres te enseño. Yo hago estos ejercicios cada

Rn noche antes de acostarme. Mira, he traído los trastos y todo… -se levanta de la cama y rebusca en una maleta, de la que saca un casette que conecta. Y enton­ces comienza a sonar una musiquita relajante, una especie de sonido de olas mezcladas con suves coros femeninos-. Es que hace falta poner música, ¿sabes…?

Cuca:Ay, me gusta esta música. Es relajante.

Fran:De eso se trata. Mira, siéntate como yo. Así. Bien. Y concentrate. Cierra los ojos y respira despacio.

Cuca:Qué es, ¿como yoga?

Fran:No, esto es mucho mejor. Es menos aparatoso. Ahora, date cuenta, voy a ir repitiendo unas frases que hay. Y tú tienes que repetirlas conmigo. Y, ojo, cada idea de estas frases tiene que entrar en ti como lo hace el aire. ¿Me entiendes?. Como si estuvieras respirando las ideas… ¿Estás?

Cuca:Sí… -voluntariosa.

Fran:Bien, vamos a empezar. Repite conmigo: -Pone la voz de ultratumba:- ‘Las cosas son sencillas, yo soy el que las hace complicadas’. -Hay entonces una pausa, que rompe el maestro:- Bonita, repite.

Cuca:Ay, qué tonta. Sí, sí que es verdad… Perdón, ¿cómo era la frase…?

Fran:… ‘Las cosas son sencillas, soy yo el que las quiere hacer complicadas’…

Cuca:‘Las cosas son sencillas, soy yo la que las quiere hacer complicadas’. ¿Lo he hecho bien…? -Abre los ojos-. Oyes, pues sí que era verdad, me siento ahora como que mucho más relajada, eh.

Fran:Bueno, pues entonces espérate que terminemos las seis frases. Que son seis frases.

Cuca:¿¡Seis!?

Fran:Sí, venga. -Se pone en situación. Y ella le imita-. Espira hondo. Relájate. Repite: ‘Los pequeños inconvenientes son el preámbulo de las grandes satis­facciones’.

Cuca:‘Los grandes inconvenientes son…

Fran:No, no, los pequeños, los pequeños.

Cuca:Ah, sí que es verdad, sí. ‘Los pequeños inconvenientes son el preámbulo de las..’ ¿Qué era…?

Fran:-Pacientemente:-… ‘de las grandes satisfacciones’.

Cuca:Eso. -Dice dando un cabezazo y dando por hecho que ha asumido el men­saje de la frase.

Fran:Bueno. ‘Mi vida va a mejor porque yo la voy a encarrilar por el mejor cami­no,.

Cuca:Esta, ¿ves?, es más facilita: ‘Mi vida va a mejor porque yo la voy a encami­nar por el buen camino’.

Fran:‘Adelante, adelante, adelante. Mirar atrás no sirve para nada’.

Cuca:-Animadísima:- ‘jAdelante, adelante, adelante! ¡No miremos, no miremos hacia atrás! ¡iQue no sirve para nada!! ¡jAdelante!!’

Fran:-La mira con sorpresa, pero enseguida retorna el hilo:- ‘Yo valgo mucho, muchísimo. Nadie vale la mitad de lo que valgo yo’.

Cuca:-Levanta una ceja, pero repite:- ‘Yo valgo mucho, ¡muchísisímo!. Pero nadie vale, ¡ni la mitad!, ¡ini una cuarta parte!!, que yo”.

Fran:Y esta, que ya es la última -con un tono confidente.

Cuca:‘Y esta, que ya es la última…’ -con tono solemne.

Fran:-Se sonríe:- ‘Mis enemigos son pura basura. Y me las van a pagar todas juntas’.

Cuca:¿Mis enemigos? ¡Mis enemigos son pura basura asquerosa! Y me las pa­garán todas juntas, ¡ya lo creo que me las pagarán!’

Fran:Ya.

Cuca:¿Ya?

Fran:Ya. ¿Estás mejor? A que estás mejor…

Cuca:Uf, sí. Uf.

Fran:¿Has visto?

Cuca:Sí, sí. Y, ¿hay que hacerlo cada noche?

Fran:Bueno, si se te pasa algún día tampoco pasa nada.

Cuca:Y, oye, ¿cómo te llamabas…?

Fran:Yo, Fran.

Cuca:¿Fran? Qué bien suena… Fran. Sí, pues yo me llamo Cuca.

Fran:Pero, ¿ese nombre es de verdad?

Cuca:Sí, sí. ¿Por qué no iba a ser de verdad…?

Fran:No, nada. Me suena a… No sé…. A telenovela.

Cuca:Pues no. Es de verdad. Oye, lo que te iba a decir. ¿Te importa apuntarme las frases en un papel…? Es que, sino, yo no creo que pueda acordarme.

Fran:Vale, voy a apuntártelas -dice mientras se levanta a coger una libretita y un bou de la maleta.

Cuca:Y, la cinta… ¿La venden en algún sitio…?

Fran:Eso da igual. Cualquier música tranquilita sirve…

Cuca:Ah, vale.


Fran se pone a copiar las frases, pero al rato de estar haciéndolo ella comienza a suspirar sonoramente, hasta que termina sollozando.


Fran:Bonita, ¿iqué te pasa!?. Ay, bonita… -le da un abrazo cariñoso-. Qué te pasa. Pero si hace un rato que estabas ni más bien…

Cuca:Ya, es que… soy tonta -dice para terminar llorando a moco caído, escon­diendo la cara en el hombro de Fran.

 

 

 

Sexto Acto:

‘Viaje de Vuelta’

Volvemos al interior de los tres coches que vimos en el Primer Acto. Situados en el mismo orden y con sus mismos ocupantes.

(A)

Vemos el interior de la misma ranchera en la que viajan el matrimonio formado por Borja y Cuca.

Van un rato en silencio. Esto dura unos diez segundos. Sólo se es­cucha la misma musiquita relajante de oleajes y susurros femeninos. Es exacta­mente la misma música que escuchábamos en la sub-escena anterior.

 

Borja:Cuca, querida. ¿Hasta cuando me vas a hacer pasar la penitencia de escu­char esta cantinela…?

Cuca:Es muy relajante, ¿no?. Me la ha regalado un amigo…

Borja:Ya, cariño, pero… una cosa que esté bien… ¡Que me puedo quedar dormi­do y sal irme en una curva!


Cuca no responde. Prefiere quedarse mirando el paisaje.

Borja:¿Qué amigo? ¿No será el maricón ése con el que te acostaste…?

Cuca:¡Pues sí! ¿Tienes algo en contra?

Borja:No, nada.


Hay otro silencio. Pero esta vez dura algo menos.


Borja:.. .Querida, no quería decirte nada. Pero… No es algo que tenga nada que ver con lo que ha pasado este fin de semana. No sé. No me gustan las ojer… -se calla bruscamente. Y reanuda su discurso, esta vez con un tono mucho más hi­pócrita:- Es una idea que tenía desde hace mucho tiempo. El tema es que no estaría de más que nos hiciéramos las pruebas del SIDA. -La mira con cautela. Ella no parece que le ha escuchado, pues continúa mirando el paisaje. Él insis­te:- ¿Qué me dices, cariño?


Pero Cuca no le dice nada. Sencillamente sigue mirando el paisaje a través de la ventanilla.

 

 

(B)

Y ahora nos vamos al interior del coche que conduce Ana.

Su copiloto sigue luciendo el ojo a la birulé y una cara de mala leche que ni para qué contarte…


Ana:Mira, ¿te suena ésa gasolinera…? ¡Ja, ja, ja! ¿Paro y lo saludamos? ¡Ja, ja, ja!

Chus:Bah.

Ana:-Después de tocar el claxon tres veces, saluda a alguien que está en el lado izquierdo del coche:- ¡Hasta luego, mamón!

Chus:No hagas la payasa…

Ana:Qué cabrón. Ahora, que él también se llevó lo suyo. Ay, qué Sansón que tengo… -Lo besa infantilmente-. Lo primero que tienes que hacer es ir a la resi­dencia a que te vean lo del ojo.

Chus:Sí. Y tú, ya de paso, que te miren el chupetón del cuello.

Ana:-Conteniéndose el rubor:- . . . No es chupetón… Es un golpe…

Chus:Ya- dice él chascando la lengua y sin levantar sus ojos tristes de la carretera.

 

(C)

Se enciende la tercera parte, la de la derecha, del escenario y vemos a sus dos ocupantes: el Fran, conduciendo, y el Ramón, con su Hamlet.

Fran tararea un bakalao, aunque a un volumen razonable. Al menos lo suficiente como para permitir que su copiloto vislumbre la magia shakespiriana a golpe de diccionario de bolsillo…


Ramón:¿Nos queda mucho? -Sin levantar la cabeza.

Fran:Bastante.

Ramón:¿Cuánto bastante?

Fran:Pues.. .bastante. ¡YO qué sé! Un par de horas o por ahí.

Ramón:Pues, silo sabías, ¿por qué no me lo dices y acabamos antes, fill meu?

Fran:Ay, déjame en paz. No me hinches más la cabeza


Ramón se mira el reloj y se mete de nuevo en sus libros.


Fran:-Al rato. Mirándole de reojo:- Ramón, ¿qué te ha parecido lo de venir aquí?

Ramón:Puf.

Fran:Pues a mí me ha servido…

Ramón:-Sin levantar la cabeza, y con descreimiento:- ¿Para qué te ha servido…?

Fran:No sé. -Se encoge de hombros-. Me ha servido. Y punto.

 

FIN DE LA OBRA.

 

‘Treintaitontos’ obtuvo el primer premio Teatro Joven Ayuntamiendo de Alicante en 1998

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