yonan, relato de Antonio Peñalver

Yonan ( #gente )

¿Sabes? ¿Sabes ese tipo de gente que le gusta tenerlo todo controlado? Lo suyo y lo de los que tienen alrededor? Pues así es Yonan.
Lleva año y medio con Macu, una buena tía. No tienen casi nada en común, pero sí les une algo muy especial: ella se deja llevar. Escucha sus consejos. Y, lo más importante de todo, los sigue al pie de la letra.
Además, por si fuera poco, es ideal. Le gusta a su madre y hasta incluso a su padre, sí; a su padre incluso más. Desde que se la presentó ya se ha hecho acto de presencia en el restaurante que regenta en Ríos Rosas. Se presenta con las novias que se hace. Dirige una agencia de publicidad y siempre tiene números de modelos a mano. Y últimamente se ha hecho habitual de la franquicia de cocina internacional que el tío de Macu le regaló en cuanto finalizó el MBA.
Ya le advirtió de cómo era su padre, y a las pocas semanas ya le envió un wasap a deshoras, con una excusa tonta. Yonan ya le había advertido. Por eso Macu supo qué hacer: no responderle. Bloquearlo.
Han estado toda la pandemia juntos, con sus olas y sus resacas, y por fin toda darse un homenaje. Así es que han pensado en Cancún.
Él no lo conocía, pues siempre le ha tirado más Oriente. Pero ella tenía aquella espinita clavada desde que de niña vio una pelicula en el cine titulada ‘Amor en el Paraíso’. Aquello le marcó.
Yonan, que era alérgico a la arena de playa y al horterismo de los turistas, accedió en un primer momento a hacer ese viaje soñado.
Pero una tarde, una tarde de jueves, aburrido en el despacho, decidió buscarla y comenzar a verla.
Aquello era impresionante. Probablemente lo más infumable que hubiera visto jamás. Una especie de versión pobre de ‘El lago azul’, con actores que ni eran actores ni siquiera medioguapos. La historia no tenía mucho sentido. No se explicaba en ningún momento cómo habían ido a parar allí aquella pareja de adolescentes. Que para más inri eran sordomudos. Los dos. No tenía mucho sentido nada. Además hacían vidas separadas y sólo quedaban al atardecer, en la playa y al lado de la misma hoguera.
Conforme avanzaba la peli Yonan pasó de la estupefacción a la carcajada desbocada. Tenía que taparse la boca porque notaba que los de contabilidad le estaban escuchando a través de los cristales.
Aparecieron unos piratas como del siglo XVI o así… Hablando en italiano. Y ahí lo dejó estar. Lloraba, como hacía años que no recordaba haberlo hecho.
No. No era la chica con la que le gustaría estar el resto de su vida. Necesitaba más. Más que más, necesitaba más bien otra cosa. Pero ella no era.
Como habían planificado hacer el viaje en setiembre, ahora era el mejor momento de comprar los billetes. Los chollos se cogen con un mes de antelación, como máximo. Luego ya se pierden.
Pero no. Esa noche iría a recogerla por sorpresa a su restaurante y le diría de tomar algo y le confesaría sus sentimientos hacia ella. Ella lo comprendería. Siempre le comprendía.
A las doce cogió un Uber y le dijo que le dejaran en la parte de atrás del office, que era por donde salía el personal después de hacer caja.
Salieron los chicos, y luego Marcus, el metre, y luego ella. Reían.
Yonan estaba en la esquina y se disponía a acercarse a ellos, pero se detuvo en cuanto vio que ella saludaba con la mano y una sonrisa emocionada a alguien que la esperaba en un Audi negro.
El Audi negro de su padre, el mismo coche en el que él aprendería a conducir.
Se quedó mudo.
Y no tardó en bloquearla en el wasap.
A su padre no le hizo falta hacerlo.

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